FSM
2005: De la acción social al campo político
Enrique
Dussel
La
Jornada
3
de febrero del 2005
Porto Alegre. A diferencia de Davos, con algo más de 2
mil participantes y cientos de policías y elementos de
seguridad, en Porto Alegre, con más de 2 mil paneles y
más de 130 mil participantes no se veía en las calles
a ningún policía. El primero en medio del frío
de las montañas europeas; el segundo, en el calor tropical
de un Brasil exuberante.
El
Foro Mundial Social de retorno de Mumbai (India) en América
Latina es el mayor de todos los organizados. El espíritu
de trabajo es ejemplar. Nuestro panel, con Aníbal Quijano,
Boaventura dos Santos, Immanuel Wallerstein y algunos otros amigos,
comenzó su trabajo el primer día a las 8:30, al
mismo tiempo que el discurso de Lula. Mas de 800 asistentes llenaban
la enorme carpa F-603, con gente en el suelo y de pie. Tratamos
el tema "Poder, conocimiento, democracia y revolución".
Como
indicaba en un artículo de la Folha de Sao Paulo, el Foro
deberá tomar conciencia lentamente del pasaje de lo social
a lo político. Mi tema, Los nuevos movimientos sociales,
justamente trataba la exigencia de cruzar dos umbrales.
Los
nuevos movimientos sociales que surgen en todo el mundo periférico
y poscolonial en reacción contra el neoliberalismo empobrecedor
de los pueblos, y que arremete militarmente contra la democracia
y los derechos humanos, crecen en todos los horizontes del planeta.
Es hoy un movimiento incontenible que se va apuntando logros inesperados.
Lo que va aconteciendo en Argentina con su deuda, en Uruguay con
la izquierda en el poder, en el Brasil de tantas experiencias
de base, en la Venezuela de Hugo Chávez, aclamado en el
Foro; en el juicio de Pinochet (falta todavía el que promovió
el golpe en Chile, Henry Kissinger: culpable de culpables), en
Bolivia, Ecuador, etcétera.
Los
nuevos movimientos sociales, digo, nacen y crecen en ese caldo
de cultivo que la injusticia obliga. De origen revindicativo,
estrictamente social, han pasado el umbral primero hacia la sociedad
civil (Estado en sentido ampliado para Antonio Gramsci). Allí
se han confundido con movimientos muy ambiguos, tales como las
pequeñas burguesías movilizadas por los medios de
comunicación (en especial por televisoras) contra los gobiernos
populares (como en Venezuela, Argentina o en la ciudad de México).
Sin embargo, han ido desarrollándose políticamente,
pero apenas en principio.
La
pregunta es si darán el paso de cruzar el segundo umbral:
de la sociedad civil a la sociedad política. Para ello
deberán superar dos escollos. El primero, de aquellos ideólogos
de los nuevos movimientos sociales que indican que el poder es
dominación y el Estado es una estructura por naturaleza
corrompida. Por tanto, hay que cambiar el mundo sin tomar el poder
del Estado. El segundo, de los que indican que hay que asumir
la responsabilidad política y "toman el poder (como
dominación) del Estado" (tal como se encuentra). Al
asumir el paquete todo hecho se corrompen en el proceso. Lula
ya sufre el desgaste de no haber realizado previamente, y realmente,
una transformación del Estado.
El
pasaje a la sociedad política por parte de los nuevos movimientos
sociales supone redefinir el poder (como la fuerza de las voluntades
de las comunidades que unifican sus objetivos democráticamente
desde abajo). Es decir, el poder es la unidad de un pueblo que
conoce sus objetivos: se trata de una construcción desde
abajo: "El pueblo unido (jamás será vencido)",
decía el eslogan sandinista. Por otra parte, supone tener
claro cómo transformar el Estado, al que no hay que englutirlo
golosamente (porque indigesta), sino que hay que deconstruirlo,
analizarlo y transformarlo. Un cambio de Constitución política
es una buena medida previa.
En
fin, se discutió fuertemente la posibilidad o necesidad
de dar ese paso, de lo social a lo político, pero hubo
unanimidad en que la transformación del Estado y la definición
del poder (no como dominación desde arriba, sino como potentia
desde abajo) es su condición sin la cual no puede darse
ningún compromiso serio político.
Esto
no supone que los nuevos movimientos sociales deban ni hacer política
partidaria ni entrar a formar pate de la sociedad política,
sino que exige tomar clara conciencia de las responsabilidades
políticas y comenzar la lucha en todos los niveles por
una democratización de todas las estructuras, como participación
simétrica de todos los afectados dando razones para llegar
a consensos legítimos para todos.
Es
el fin de los vanguardismos, de los burocratismos, de los populismos,
de los autoritarismos, de los mayoriteos totalitarios, etcétera.
Es un llamado al poder desde abajo a partir del consenso de los
pueblos.
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