El volcán latinoamericano
Ángel Guerra Cabrera
ALAI - Argenpress.info
29 de noviembre del 2003
La tónica conciliadora de la reunión del ALCA en Miami
no debe desalentar a quienes luchan por impedir la
anexión de América Latina a Estados Unidos mediante
ese instrumento.Pese al servilismo de tantos gobiernos hacia
Washington, éste se vio forzado a posponer parte de
las pretensiones coloniales que acaricia desde la
Cumbre de las Américas, celebrada también en esa
ciudad en 1994. Para una mejor evaluación de la
reunión de Miami es conveniente echar un sucinto
vistazo a su contexto histórico y político.El proceso de las Cumbres de las Américas nació como
parte de un nuevo proyecto para reforzar la
subordinación de los Estados latinoamericanos al
coloso del norte. De allí la deliberada exclusión de
Cuba. Pero ya desde antes había iniciado un ciclo
internacional de luchas sociales que ha llevado al
imperialismo estadounidense a perder en la actualidad
gran parte de la enorme ascendencia política e
ideológica que había ganado tras el derrumbe
soviético. En esa brega América Latina ha sido un
protagonista principal, acaso por ser la zona del
mundo donde las políticas neoliberales se han aplicado
más ortodoxamente. En 1989 estalló el caracazo,
rebelión antineoliberal reagrupada posteriormente en
torno al proyecto nacionalista de Hugo Chávez, que
terminó desalojando a los partidos políticos
tradicionales y se ha trasformado en uno de los
movimientos populares más vigorosos del continente.
Luego siguió el rotundo ¡Ya basta! zapatista de 1994,
una de las chispas que detonó el movimiento
internacional contra la globalización imperialista.
Así se hizo sentir en las calles de Seattle, donde
rodó por tierra el mito de un pensamiento y un modelo
únicos e irreemplazables al fracasar la llamada Ronda
Clinton de la Organización Mundial de Comercio. Esta
no ha podido recuperarse del golpe sufrido entonces,
como se demostró en su reciente cita de Cancún.A partir de Seattle el movimiento antiglobalización
creció, se extendió geográficamente, ganó en
organización y experiencia y -contra lo que algunos
vaticinaron- pudo recuperarse frente al clima
liberticida imperante tras los atentados terroristas
del 11 de septiembre. A ello han contribuido varios
factores. Entre ellos el alto costo social de las
políticas neoliberales -que ha provocado su repudio
por los sectores populares- y la gran corriente
antibelicista estimulada por la 'guerra contra el
terrorismo', patraña con que la pandilla de enajenados
encabezada por Bush pretende encubrir sus sueños de
dominar a la humanidad por la fuerza. Todo ello ha
acelerado el descrédito de Estados Unidos y sus
aliados ante la opinión pública. Acentuado al
trascender el uso maniático de la mentira por Bush y
sus falderos Blair y Aznar para justificar la agresión
contra Irak y ahondado en virtud de la creciente
resistencia patriótica contra la ocupación del país
árabe.No existe hoy nación latinoamericana donde no se hayan
producido movimientos de masas contra las políticas de
liberalización económica decretadas desde Washington,
los cuales van en ascenso. Así, la reunión de Miami se
celebró bajo el sino de la extraordinaria sublevación
civil de los bolivianos contra estas políticas y la
defenestración de Sánchez de Losada, personaje
emblemático del neoliberalismo en la región. Los
movimientos de masas han hecho llegar al gobierno en
unos pocos países latinoamericanos a líderes que han
proclamado su intención de revertir o atenuar las
consecuencias del neoliberalismo. De estos gobiernos
cabe esperar ejecutorias dispares, que no siempre
cumplan con las expectativas populares o simplemente
resulten un fiasco, como ocurrió con Gutiérrez en
Ecuador.Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría antes que
surgiera este fenómeno, Estados Unidos no pudo imponer
omnímodamente su voluntad en Miami. Allí enfrentó la
resistencia de Brasil y Argentina y las duras
objeciones venezolanas. De suerte que debió
conformarse con un ALCA light y se vio forzado a
desplazarse hacia la táctica de acuerdos bilaterales o
regionales con los Estados más serviles. Esto le
permite avanzar por otro camino en su objetivo
recolonizador, mientras -según sus cálculos-
neutraliza o derroca los gobiernos díscolos.Lo que no está en los cálculos de Washington es la
potencialidad volcánica de la indignación y rebeldía
popular que se generaliza en América Latina. Muchos
caracazos se otean en el horizonte.redaccion@argenpress.info
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