El espejismo de las maquilas
Raúl Fernández, PhD.
Profesor de la Universidad de California
junio 2003
Dentro de la política de globalización, las maquilas constituyen una de
las modalidades preferidas por los países industrializados especialmente
Estados Unidos para mejorar su competitividad internacional y
aprovechar los menores salarios prevalecientes en las naciones menos
desarrolladas. En éstas, los asalariados son sometidos a una mayor explotación,
abusando especialmente de la mano de obra femenina. Dado que no
transfieren tecnología avanzada a los países donde funcionan, ensamblan insumos
importados desde la metrópoli para reexportarlos y frecuentemente gozan
de exenciones tributarias al localizarse en zonas especiales de
exportación; tampoco significan una mejoría de las economías tercermundistas y
aumentan el desempleo al incrementar la oferta laboral. A pesar de todo
ello, los países en vías de desarrollo incluida Colombia compiten
para que se instalen en su territorio. El presente artículo analiza las
características, génesis y significado de la maquilas. Deslinde
--------------------------------------------------------------------------------La maquila o maquiladora es sinónimo del actual proceso de
globalización, es decir, de la nueva y masiva colonización del planeta por
Estados Unidos, país que proclama y condena la soberanía nacional como un
concepto obsoleto. La utilización de las maquilas, método con más de tres
décadas de aplicación, no promueve el desarrollo nacional, regional o
de las ciudades receptoras de tales empresas. Este resultado no debe
sorprender, puesto que la idea de la maquila se basa en el atraso y la
mano de obra barata de los países pobres y las regiones más deprimidas del
mundo. La pobreza es el sine qua non de la maquila.La palabra maquila se originó en el medioevo español para describir
un sistema de moler el trigo en molino ajeno, pagando al molinero con
parte de la harina obtenida. Tal fue también la forma tradicional de
producción de azúcar en los ingenios de las Antillas, que en el siglo XIX
obtenían su caña de cultivadores llamados colonos; éstos cobraban en
azúcar el valor de la caña entregada, de acuerdo con las normas
establecidas por los mismos ingenios. La estirpe feudal y semifeudal del vocablo
se remoza con el nuevo uso del término para denotar plantas de
ensamblaje que se aprovechan de las míseras condiciones laborales existentes en
los países dominados.La maquila en México
A principios de la década del sesenta comenzó un desplazamiento masivo
de operaciones manufactureras por parte de las grandes multinacionales
hacia países del Tercer Mundo, escapando de los altos costos de
producción y de las bajas tasas de ganancia de las grandes industrias en las
metrópolis. Con la llegada de las operaciones de ensamblaje y producción
de ropa y textiles a la frontera de México y Estados Unidos a finales
de esa década, se inauguró el reino de las maquilas o maquiladoras en
América Latina, que en la frontera MéxicoEstados Unidos ya cumplió 36
años de existencia. Con el Plan Bush para América Latina, hacia finales
de la década de los años ochenta, Estados Unidos trató de impulsar las
economías latinoamericanas hacia la maquilización continental,
amenazando con reducir sus industrias nacionales a talleres de tercera
categoría, salvo las empresas microscópicas o microempresas.En el caso de México, numerosas compañías norteamericanas trasladaron
parte de sus operaciones a la zona fronteriza, región que ofrecía varias
ventajas, a saber: a) su cercanía geográfica, que permitía a las
corporaciones montar la operación de ensamblaje a pocos kilómetros de las
plantas matrices; b) la posibilidad de garantizar la utilización de
insumos como el agua y la electricidad, ya que numerosos municipios de la
frontera mexicana están integrados a las redes eléctricas o de
abastecimiento de agua de Estados Unidos; pero, sobre todo, c) la oportunidad de
aprovechar el trabajo barato de cientos de miles de obreras, muchas de
ellas adolescentes, que obtienen salarios ínfimos y laboran en
condiciones deplorables, en particular por la toxicidad y falta de controles
ambientales reinantes en dichas plantas.Desde aquella época, la industria de las maquilas en México ha
permitido a las grandes compañías gringas competir en el mercado internacional,
pero no ha resuelto el formidable problema del desempleo y el bienestar
ni en la frontera ni en el resto de ese país latinoamericano. Más bien
ha traído como consecuencia una enorme inmigración de otras ciudades y
de campesinos mexicanos arruinados y de obreros desempleados en busca
de trabajo.Irónicamente, desde un principio el programa de maquiladoras en la
frontera mexicana ha sido la negación del llamado libre comercio. Ello es
así porque las plantas maquiladoras nunca se han propuesto obtener
insumos más baratos que los producidos o vendidos por las compañías
mexicanas. Se trata simplemente de trasladar a México, del otro lado de la
frontera, insumos producidos en Estados Unidos para tareas de ensamblaje
con mano de obra barata. Por esto en México, después de más de treinta
años de maquilas, los insumos locales representan sólo 2% de los
utilizados. O sea que la producción tipo maquila funciona aislada del resto de
la economía y constituye un enclave sin vínculos significativos con el
resto del mercado interno del país, ya que es una producción limitada
única y exclusivamente a la exportación. Mientras que la maquila es un
manantial de riqueza para los grandes consorcios, este mezquino
resultado es poco halagüeño para los países huéspedes.Los países que alojan la maquila, por su parte, deben contar con una
adecuada infraestructura, servicios de agua y energía eléctrica, puertos,
telecomunicaciones, carreteras, una legislación laboral que discipline
a los trabajadores y obstaculice su lucha reivindicativa, con lo cual
se hace un verdadero subsidio al capital extranjero, ya que hay que
otorgarle facilidades de las cuales no gozan en muchos casos los
inversionistas nacionales, y el Estado termina haciendo gigantescas inversiones
que no son costeadas pero sí disfrutadas por el capital foráneo. Por
eso, aunque el centro de ellas es la mano de obra barata, no se crean
maquilas en lugares insalubres, remotos, incomunicados o sin la mínima
infraestructuraEn México ha quedado claro que la maquila avanza en la medida en que la
economía nacional se descompone. El programa de maquilas utilizaba
veinte mil empleados en 1970. Hasta principios de la década del ochenta el
programa creció a trompicones, aumentando y disminuyendo el número de
plantas de acuerdo con los altibajos de la economía estadounidense.
Cuando comenzaron las serias crisis económicas de México fue cuando el
programa de las maquilas creció. Así pues, luego de la caída del peso
mexicano y de la crisis de la deuda de principios de los años ochenta, el
número de plantas y de empleos comenzó a crecer vertiginosamente
(recordemos que en su gran mayoría laboran con mujeres, muchas de ellas menores
de edad). En este período se destacó entre los inversionistas el papel
de Japón y de algunos países europeos que utilizaron la zona fronteriza
para ensamblar y exportar directamente sus productos al mercado
estadounidense. Tras la catástrofe económica de principios de los noventas,
volvió a dispararse el programa de las maquilas, el cual llegó a emplear
cientos de miles de trabajadoras hacia el año 2000. Estas cifras no
alcanzan a resolver mínimamente el gigantesco problema de desempleo
afrontado por México: como consecuencia de la estrepitosa crisis económica
mexicana, solamente entre 1995 y 1997 desaparecieron más de un millón de
empleos. En los primeros tres meses de 1995 la crisis ya había traído
como resultado la pérdida de más de medio millón de puestos de trabajo
como consecuencia de la quiebra de miles de pequeños empresarios.
Mientras tanto, en medio de semejante crisis, un informe oficial de la
Embajada de Estados Unidos en ciudad México se ufanaba de que la caída del
peso y el relativo abaratamiento de los salarios había permitido un nuevo
récord: ¡en esos tres meses 250 empresas maquiladoras se habían
establecido en el país! Pero el crecimiento demográfico mexicano requiere
generar cerca de un millón de empleos nuevos anuales. Y con la destrucción
del agro mexicano desprotegido por el Tratado de Libre Comercio de
Norte América, (TLCAN), e indefenso frente a la penetración de productos
agrícolas estadounidenses se espera que en los próximos diez años más
de ocho millones de pobladores del campo se conviertan en nuevos
desempleados.Como el campesino boliviano que masca la coca para matar el hambre,
México se ha hecho dependiente de la maquila para mitigar su crisis,
mientras que no resuelve al igual que el boliviano ni el desempleo, ni la
pobreza, ni el subdesarrollo, o sea, las razones fundamentales de la
crisis y de la creciente pobreza que lo aflige.En tamañas circunstancias, sucede que en el último año han cerrado sus
puertas varios cientos de plantas maquiladoras en la frontera y han
quedado cesantes decenas de miles de empleados, fenómeno que continúa
mientras se escriben estas líneas. Ello se debe a la aplicación del TLCAN.
Algo al parecer tan extraño requiere explicación:En los años ochentas y noventas el gran crecimiento de la industria
maquiladora en la frontera mexicana se debió en gran medida a la
instalación en la región de plantas maquiladoras de origen japonés, surcoreano y
europeo, las cuales también se dedicaron a llevar sus insumos a esa
zona, ensamblarlos y exportarlos directamente al mercado norteamericano.
El Tratado de Libre Comercio, que mejor debería llamarse el Tratado de
Inversión Protegida, incluyó entre sus principales capítulos uno
titulado Reglas de Origen. En éste se especifica que a partir de cierta
fecha sólo se podrían ensamblar en maquiladoras ubicadas en México insumos
domésticos libres de aranceles. ¡Por domésticos se entendía los
producidos en Estados Unidos, Canadá o México! Las plantas maquiladoras
podrían utilizar otros insumos (se adivina: los provenientes de Japón,
Europa), siempre y cuando pagaran elevadas tarifas de importación. El TLC
simplemente se proponía sacar a Japón y Europa del área, negándoles la
posibilidad de utilizar la misma mano de obra explotada por los gringos
para exportar productos a Estados Unidos. Como dijera Kissinger con
referencia al TLC, "se trata de un arma para combatir a nuestros
contrincantes". En 2002 comenzaron a regir las Reglas de Origen, la mayor causa
de la salida precipitada de numerosas plantas maquiladoras no gringas de
la zona y del pronunciado declive del empleo en la región.Naciones contra naciones
La competencia por atraer maquiladoras enfrenta a naciones contra
naciones. De esta suerte, varios países de la cuenca del Caribe han entrado
a competir con México en la atracción de maquilas. Compañías de origen
no sólo norteamericano, también algunas provenientes de Corea, Japón,
China y otros países asientan sus maquilas en Haití, Santo Domingo,
Guatemala, Honduras y El Salvador para acceder al mercado gringo.República Dominicana se ha especializado en maquilas dedicadas a
producir ropa y todo tipo de confecciones para exportar a Estados Unidos. El
empleo, mayormente de mujeres jóvenes, ha llegado a más de 150 mil. Por
otra parte, los salarios habían disminuido de un promedio de US$ 1,33
en 1984 a 56 centavos de dólar en 1997.Entre 1975 y 1991, la industria nacional de textiles y ropas cayó en El
Salvador más de 50% ante los embates de la competencia permitida con
las reglas nuevas del llamado libre comercio. Al mismo tiempo, la
industria maquiladora en el mismo ramo creció rápidamente. Como en México, la
creación de estos empleos no compensa ni el número ni la remuneración
de los empleos desaparecidos, al paso que la nueva industria no
establece lazos económicos con la economía interna.La competencia para atraer maquilas forma parte de la competencia
general entre países pobres por medio de cambios en la legislación laboral,
el comercio externo, el tratamiento del capital extranjero, el manejo
de las condiciones ambientales y de los recursos naturales y la
diversidad biológica, etc.De esta manera, millones de obreros y en la maquila, obreras han sido
lanzados a trabajar en industrias domiciliarias, microempresas y
maquilas desde los barrios de Puerto Príncipe (Haití) y ciudad Guatemala,
pasando por Lagos (Nigeria) y Calcuta (India), donde se producen
mercancías consumibles que requieren mano de obra para procesos de ensamblaje.En esta batalla de todos contra todos, organizada por el imperialismo,
los países más pobres son los que sufren. La lógica de la maquila es
implacable. Un obrero mexicano gana en un día lo que un obrero
estadounidense gana en una hora. Y un obrero mexicano gana en ese día lo que un
obrero chino gana en una semana. Cuanto más pobre el país, más
competitivo para las grandes corporaciones industriales. Para ganar en esta
competencia es obvio cuál es el camino a escoger: deprimir los salarios
y empobrecer la población.La experiencia de China demuestra que lejos de ser un problema
fronterizo, como en el caso mexicano, la utilización de mano de obra barata
femenina tiene características más generales e igualmente desastrosas. En
la década de los años ochenta más de un millón de jóvenes chinas fueron
reclutadas para las tenebrosas zonas de exportación, donde trabajan en
condiciones infrahumanas: preparan sus alimentos de pie en recovecos de
las factorías, utilizan cuartos comunales como duchas y duermen
apiñadas en los mismos sitios donde laboran jornadas de diez, doce y catorce
horas. En los últimos años las precarias condiciones estructurales de
las fábricas han causado mortales incendios, en uno de los cuales más de
doscientas adolescentes murieron calcinadas por no existir puertas de
emergencia para incendios. Las maquilas que en este momento abandonan
México se están relocalizando mayoritariamente en China, donde obviamente
las condiciones de producción son más flexibles y competitivas.
Actualmente existen unas doscientas zonas de exportación diseminadas por
50 países del Tercer Mundo, las cuales emplean varios millones de
obreros, 80% mujeres entre 16 y 25 años.Regiones contra regiones
La competencia se da no sólo entre países pobres sino también entre
regiones dentro de los países. En México algunas empresas maquiladoras
comienzan a radicarse en Yucatán, donde la mano de obra es algo más barata
que en la frontera. En la medida en que la industria nacional de
henequén (vegetal tropical) centrada en Yucatán quiebra a consecuencia de
la competencia de textiles extranjeros con libre ingreso, más de
cincuenta mil empleados de la industria henequenera han sido despedidos en los
últimos siete años. Durante el mismo período, maquilas instaladas en la
región han proporcionado empleo a dos mil personas. En reciente
reportaje del diario Los Angeles Times se contaba la historia de un obrero que
labora diez horas diarias en la maquila, ganando un total de US$ 28
semanales, lo que no es suficiente ni siquiera para la comida de la
familia, la cual vive en una casa de cartón.Los teóricos de la globalización y el librecambio repiten
incesantemente el concepto de regionalización, junto con el de globalización, y
urgen a los países del Tercer Mundo a que diseñen estrategias para
reordenar sus territorios y declarar provincias autónomas que les permita por
su propia cuenta e independientemente de las ya de por sí disminuidas
reglas laborales, de salud, y ambientales del país buscar acuerdos aún
más onerosos por separado con empresas multinacionales. De esta manera
se busca enfrentar regiones contra regiones y naciones contra naciones
en una carrera hacia el abismo.En América Latina numerosos planes de descentralización apuntan hacia
este tipo de maligna competencia entre zonas de un mismo país. Y como
las políticas de privatización, recorte de servicios públicos y
desaparición de servicios estatales han llevado a un enorme crecimiento del
desempleo y la miseria, se ofrece como solución a tales problemas instalar
maquilas en zonas especiales o en regiones de un país. El caso de
México, donde la maquila lleva 36 años operando, revela su ineficacia: hoy
el país se encuentra mucho peor en todos los sentidos de lo que estaba
en 1967: más desempleo, más pobreza, más insuficiencia alimentaria,
menos industria y más deuda.En el actual modelo, la maquila funciona en el mundo como estandarte de
la producción flexible, jugando un papel clave en el incremento de las
disparidades entre y dentro de los países del mundo. La maquila busca,
en el mejor de los casos, utilizar modernas tecnologías con una fuerza
laboral oprimida y flexibilizada al estilo de la del siglo XIX.
