La visita del procónsul

Arnoldo Mora Rodríguez

Publicado con el permiso de don Arnoldo

14 de octubre del 2003



Tras el viaje relámpago que, en días pasados, "se dignó hacer a tierras costarricenses con ínfulas de procónsul, Robert Zoellick (sujeto de dudosa reputación, entre otras cosas, por estar relacionado con la quiebra de Enron, el mayor escándalo financiero en la historia de los Estados Unidos) las cosas han quedado, en lo que a las discusiones en torno al TLC se refiere, más claras que nunca. Zoellick no vino a Costa Rica a decir lo que en Washington le dijeron que dijera, sino a repetir lo que sus aliados nacionales le dijeron que debía hacer.

A orillas del Potomac se confía plenamente en la alianza oligárquica que, desde hace unos años, se viene gestando entre las familias Arias Sánchez y Jiménez Borbón. Ellos son los que deciden la política nacional y Washington no es más que su eco poderoso. Ambos se apoyan mutuamente porque mutuamente se necesitan, aunque pueda haber divergencias en asuntos secundarios… signo evidente de su mutua debilidad. Ya los tiempos en que Arias le gritaba a Reagan y que le valieron el Nobel de la Paz, no son más que papiros para la historia. Hoy solo se oyen ardientes y mutuas declaraciones de amor eterno.

Con la prepotencia que le fuera aconsejado usar, por parte de sus aliados y socios nacionales, ante un titubeante gobierno y una opinión pública confundida, el gringo dejó claro que el asunto no debe ser visto solo en el terreno económico, sino, como ya lo hemos dicho en varias ocasiones, fundamentalmente político, aunque evidentemente, el mercado costarricense no es nada despreciable para sus intereses mercantiles. Esta actitud era de esperar; difícilmente podría esperarse otra cosa proveniente del grupo de crápulas que ha usurpado el sillón de Jefferson y que, desde allí, pretende imponer al mundo entero un imperio universal.

Sin embargo, lo importante no es lo que se ve a simple vista, sino lo que está detrás de bambalinas. Nada en política es espontáneo. En las cosas importantes, todo se hace de manera "fríamente calculada", según la muletilla empleada por un conocido comediante —mejor que no pocos políticos— de la televisión mejicana. Por eso, lo importante en este caso es ver quiénes son los actores principales. En primer lugar, es un error ver en la actitud del procónsul una acción "imperialista" en el sentido tradicional.

Los Estados Unidos viven el mayor drama de su historia política reciente, pues pretenden ser un imperio universal, es decir, convertirse en el centro único de poder mundial en todos los campos: político, económico, militar, cultural y científico cuando cada día se hacen más evidentes los signos de su decadencia. Ya ni siquiera pueden manejar las más recientes victorias militares en Afganistán e Irak, que se les están convirtiendo en un gigantesco Vietnam.

Sufren del mayor déficit fiscal y en el comercio exterior. De ahí que el dólar ceda terreno ante el euro y que Estados Unidos, debido a los escándalos financieros, deje de ser el paraíso de los inversionistas del mundo entero. China, por su parte, los humilla advirtiendo que a Corea del Norte no se la puede invadir.

Es por eso que los Estados Unidos no pretenden gobernar directamente a un país como Costa Rica, sino dejar a sus aliados internos esta tarea. Ni siquiera fijan la política. Es por eso que sus aliados internos se permiten el lujo de señalarles a los enviados del imperio lo que deben hacer, cómo y ante quién. Zoellick no hizo sino actuar el papel que desde Costa Rica, más exactamente desde Llorente y desde una residencia cercana a la Nunciatura, lo pusieran a hacer.
Por eso no solo vino a amenazar con firmar un TLC con Centro América sin Costa Rica, sino igualmente a premiar a sus aliados. Sin tapujos el gobierno de Bush dijo que el azúcar tico entraría al mercado americano sin ninguna restricción… a pesar de que esto lesiona los intereses de un sector de su protegida industria agropecuaria. Con ello Juan Viñas y Taboga recibieron su recompensa. ¡Así premia César a sus súbditos!

Con este gesto, el procónsul está, al mismo tiempo, marcando la cancha de la política nacional. Para las próximas elecciones, por primera vez en la historia política de los últimos decenios, el candidato probable de Liberación será el candidato apoyado desde Llorente, con lo que el verdadero comando de campaña en el 2005 no estará en el Balcón Verde sino en Llorente. Y sus dueños, acostumbrados a recoger cheques para campañas electorales al margen de la ley, se encargarán de que el dinero fluya a torrentes para las arcas de "su" candidato. Las dos facciones de la oligarquía nacional se unen en torno a un proyecto político estratégico para los próximos decenios a fin de mantener su hegemonía.

Ante esto, solo cabe una respuesta de parte de los sectores mayoritarios: formar un frente común en que los sectores populares, las clases medias y el empresariado nacional, se unan para profundizar nuestra democracia, basada en una auténtica expresión de la voluntad general, en un régimen de justicia social y de participación real y no solo formal en todos los asuntos de interés nacional. La visita del procónsul abrió un nuevo capítulo en la historia política del pueblo costarricense, pero será este mismo pueblo y nadie más quien habrá de escribirla.

 

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