Devastación de la Amazonia
Leonardo Boff
Koinonia
- Rebelión
5
de junio del 2005
Los 26.130 kilómetros cuadrados de la Amazonia deforestados
en 2005 representan una verdadera devastación. No sin razón
se han hecho oír protestas en Brasil y en la prensa internacional.
¿Por qué ocurre esto justamente bajo el Gobierno
Lula, en el cual la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva es
una profunda conocedora de las cuestiones amazónicas y
posee una conciencia ecológica como nadie antes la ha tenido
en la administración pública?
La razón principal reside en la contradicción
entre dos opciones de gobierno: la del crecimiento económico
y la de la preservación ambiental. Urgido a pagar la deuda
interna y externa, el gobierno optó por el crecimiento
económico, especialmente por aquellos frentes de producción
que exportan granos y carnes y que traen dólares. La soya
y el ganado exigen grandes extensiones de tierra, conquistadas
mediante la deforestación de las selvas, principalmente
en el Mato Grosso cuyo gobernador es presentando como el «rey
mundial de la soya». El crecimiento es preferencial, aunque
la retórica gubernamental lo quiera con justicia y distribución
del ingreso. Los datos, sin embargo, desmienten tal objetivo:
la concentración del ingreso está aumentando, generando
desigualdad social que es el verdadero nombre de la injusticia.
La otra opción es a favor de políticas
de preservación del medio-ambiente y de la biodiversidad
con medidas inteligentes pero cuyos efectos tardan en producirse.
Sucede que la falta de una cultura ecológica en la sociedad
y en la política no ofrece apoyo para esta opción
preservacionista. Por eso no tiene hegemonía y se restringe
al Ministerio del Medio Ambiente. La transversalidad de la Ministra
Marina Silva tiene un curso corto.
El principal responsable de la deforestación
no es el gobierno brasileño, sino el paradigma mundial
de producción de bienes materiales, que se impone a todos
como modelo único. Acosado por la alta deuda externa, Brasil
se ve forzado a asumir este paradigma, cuando podría ser
uno de los pocos países del mundo en presentar y realizar
una alternativa. Lamentablemente no hay en este gobierno masa
crítica para atreverse con otra vía. Por su parte,
los más importantes analistas mundiales llevan años
advirtiéndonos que el modelo actual es un camino sin salida.
A medio plazo será simplemente insostenible, especialmente
ahora que China e India se han convertido en verdaderas bombas
de succión de recursos naturales escasos en todo el mundo.
En cuanto a la Amazonia, necesitamos cuidar
de ella; si no, el mundo usará contra nosotros el argumento
válido sobre toda propriedad privada: sólo se legitima
si cumple su función social; en caso contrario, puede ser
expropiada. Las políticas de gobierno deben garantizar
que la propiedad privada brasilera sobre la Amazonia tenga una
clara función social mundial.
Esperamos no ir, irresponsablemente, en dirección
a lo peor. Si no, nuestros hijos y nietos dentro de poco dirán
contra nosotros: ustedes sabían del posible desastre y
no quisieron oír a la ministra Marina Silva ni a tanta
otra gente. Vean qué Tierra nos han legado, devastada,
sin mancha verde, sin agua suficiente, sin biodiversidad y sin
integridad. Tal vez no podamos regenerarla nunca más. ¿Y
entonces? Et erat videre miseriam…
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