Ante
el Monumento Nacional
Joaquín García Monge, 1881-1958
Repertorio Americano 3:29, 1921.
A la memoria de Juan Rafael Mora, víctima de la "perversa
política costarricense", como él certeramente la
calificó antes de morir.
Presidente despierto de Costa Rica, y Libertador de Centro
América, en los años memorables del [18]56-57. Militares
a sueldo de la oligarquía capitalista costarriqueña, ignominiosamente
lo fusilaron en Puntarenas, Costa Rica, el 30 de setiembre de 1860.
Por supuesto, ahora tiene estatua.
Jóvenes estudiantes:
Como un testimonio de la gratitud nacional, erigióse un día
este Monumento a los inmortales que en los gloriosos del 56 estuvieron
resueltos a no consentir opresiones extrañas en tierras de Centro
América, a vivir y a hablar por su cuenta y riesgo, en su propio
nombre, de conformidad con las altas normas y el ejemplo de los augustos
fundadores de estas patrias. Lo erigieron los mayores para perpetuar
en el bronce las ínclitas hazañas de los elegidos y con
ello inscribir excelsamente la perdurable lección que sirviera
de ejemplo y estímulo a las futuras generaciones. Que los pueblos
previsores y magnánimos recurren a los mármoles y a los
bronces para simbolizar en ellos fechas memorables, y así ponerlas
a salvo de olvidos o injusticias, o como columnas miliares a lo largo
de la vida, para recordarles a los que vienen que no son hijos de las
peñas, que tienen precursores admirables e ilustres y una tradición
estimable que conocer, respetar y proseguir.
A estos monumentos se concurre en horas solemnes como la presente,
a renovar la fe en los destinos de la Patria, a buscar inspiración
y luces, enseñanzas y estímulos para continuar la ruta
emprendida, en alto la cabeza y regocijado el corazón.
Lo erigieron los mayores para enseñarnos cómo se defiende
con fiereza el suelo nativo, que da el sustento y la libertad; cómo
es bueno morir, y se sabe morir sin cobardías, por causas dignas,
cuando la injusticia y la opresión amenazan el decoro de la Patria;
cómo pelean con audacia los pueblos que quieren darse patria,
patria grande, y libertad; no en el aislamiento sino juntos, unos en
las horas de peligro, unos en las esperanzas y los regocijos, unos en
las tendencias hacia ulteriores y más halagüeñas
realidades. Ayer los cinco pueblos de Centro América, mañana
todos los del Continente hispano; porque vamos hacia la América
Una, según la trayectoria espiritual de los homagnos y videntes
de estas patrias nos han descrito y que sólo cierta ceguera nos
impide verla. Con lo que también quisieron enseñarnos
que la patria es obra de concordia, de cooperación y simpatía,
que los hijos unidos hacen la patria superior con que los buenos soñaron.
Con lo cual también quisieron decirnos que las guerras intestinas
conspiran contra la integridad moral y territorial de la Patria y le
abren la puerta a los extraños, que se aprovechan de nuestras
debilidades y rencores; que nada es más funesto para una comunidad
que las oligarquías vanidosas y ambiciosillas que convierten
el gobierno en un bien privado y no en lo que debe ser, un bien público;
y anteponen sus egoísmos repugnantes y sin escrúpulos
a la suerte misma de la Patria. Con lo que también se indica
a vuestros profesores que el risueño ideal de servicio, de ser
útil a los demás, de cooperar, es la primera de las lecciones
morales que ellos deben daros, jóvenes estudiantes.
Lo erigieron los mayores para advertirnos que la libertad hay que conquistarla
y reconquistarla continuamente, que sólo se pierden los pueblos
que se cansan de ser libres; porque si importa saber cómo fuimos
libres, importa más saber cómo conservarnos libres, cómo
mantener en asta firme la enseña de los libertadores: el problema
que ellos resolvieron en el 56 sigue siendo nuestro problema. Para advertirnos
que no basta haber heredado de nuestros abuelos la tierra que fue de
ellos, sino conservar y cuidar la que será de nuestros hijos:
porque los viejos supieron que uno de los ineludibles deberes del hombre
y del ciudadano es la conservación, a todo trance, del suelo
nativo; sin él no hay libertad económica y sin esta no
hay soberanía posible. La tierra es la que sustenta a hombres
libres. Los pueblos que venden sus tierras porque ya no quieren, no
pueden o no saben cultivarlas con estudio y cariño, de propietarios
se tornan inquilinos. Es digna de la escultura esta previsora y saludable
advertencia del profeta Martí a sus pueblos de América:
El suelo es la única propiedad plena del hombre y tesoro común
que a todos iguala, por lo que para la dicha de la persona y la calma
pública, no se ha de ceder, ni fiar a otro, ni hipotecar jamás
Enseña el Monumento que Centro América y la América
entera, abiertas a los intereses de la civilización occidental,
no se alzaron de las aguas para convertirse en factorías de los
pueblos mercaderes y codiciosos, sino tierra de libertad para humanidades
ansiosas de mejorar su vida y no tan solo de hacer negocios más
o menos lucrativos, o de explotar nuestros recursos naturales; para
gentes que vengan a construir sinceramente la patria de la nueva cultura,
del hombre nuevo, que funda su prestigio y su decoro en vivir según
las imperecederas normas de la justicia, la libertad, la belleza y la
verdad.
Este Monumento rememora sucesos que le dan a Costa Rica, a Centro América,
un sentido internacional en el Continente; que dicen cómo en
días inolvidables los nuestros hablaron en su historia de pueblos
pequeños y se crearon la conciencia de un cargo que cumplir en
los destinos de nuestra América. Porque el buen suceso de la
lucha contra el plan siniestro de Walker y de los mercaderes a él
asociados, -si es que fue el de convertir a Centro América en
una agencia de esclavos negros- en cierto modo desvió la iniquidad,
que al extenderse, habría degradado a nuestra América,
destinada por la Historia a empresas superiores de cultura. No se hizo
la América para traficantes de esclavos.
Como se ve, no están desligados los sucesos históricos,
que los pueblos chicos influyen a su vez en la suerte de los mayores.
Sintamos, por lo mismo, la conciencia de que en estas tierras se han
decidido y se decidirán acontecimientos de la Historia que tienen
resonancias continentales. Así es la patria cuando se la comprende
de veras, un estado de alma, de cultura, un estado de conciencia superior,
conciencia de que se tiene una función y un valor, de que como
hombres y como pueblos, hemos venido a este mundo a hacer algo que valga
la pena. No en balde se dan patria los hombres, que se la dan para crear
y crecer. Se habla de una conciencia nacional: pues bien, nada más
difícil de adquirir que eso, que es mucho más que los
meros instintos territoriales de un pueblo. Afortunados los países
que en los fastos de sus progenitores, los nuevos hallan qué
admirar e imitar. De tal admiración consciente les brota de las
entrañas como un manantial de fuerzas espirituales fecundas que
los hace verse más altos. En cambio, qué estéril
y qué triste es la vida de los pueblos que padecen incuria, que
ignoran lo que valieron sus precursores, que apenas si se dan cuenta
de la indiferencia que va pagando en ellos sus ideales y entusiasmos.
Se esculpieron en bronce las hazañas de los héroes, para
declararnos una vez por todas que el pretérito debe conocerse
y amarse, porque expresa una tradición que nos vincula con la
Patria que hicieron los egregios finados de la familia. Para declararnos
que hay que oír la voz de los próceres voz de la Historia,
que guía a estas patrias por caminos mejores y más claros:
que marchan sin brújula, y andan como a tientas, y están
como perdidos, los países que no apoyan un pie en la tradición,
que no consultan el testimonio autorizado de los mayores que más
supieron de los negocios de sus pueblos, y los amaron, y por mejorarlos
se desvelaron. El Monumento nos enseña lo que vale para una nación
el espíritu previsor y vigilante de su Primer Magistrado y de
cuán incalculables son los males de un pueblo que mira con indiferencia
su suerte. Como también nos dice que no debemos desesperar nunca,
porque en las horas tenebrosas e inciertas los pueblos tienen el gobernante
oportuno que les hacía falta.
Enseña el Monumento que las leyes morales se cumplen inexorablemente
y que no deben ser ultrajados los pueblos chicos por ser chicos; que
también los poderosos se tambalean cuando fundan sus relaciones
con los demás en el atropello y la injusticia. Y anticipándose
en medio siglo a la reciente guerra europea [Primera Guerra Mundial
1914-1918], proclama que los pueblos pequeños, si son dignos,
si no son serviles, si son ilustrados y laboriosos, también tienen
derecho a ser libres como los grandes, y que si hay un coraje sagrado
es el de los pueblos que se yerguen como un solo hombre en defensa de
sus más caras libertades. Por eso ved, sentid vosotros, oh jóvenes,
como un soplo de tempestad que agita las figuras del Monumento: Es el
ademán como de fuerzas de la Naturaleza de pueblos nuevos en
marcha, que aún empuñan la lanza porque todavía
aletea en la sombra los genios del Mal y de la Perdición: que
ya no brilla la codicia conquistadora en la punta de las bayonetas sino
en el disco de las áureas monedas. Si es sumamente grave que
aventureros extraños se atrevan a comprar la patria, lo sería
mucho más, e ignominioso, que hijos del país de bruces
se la vendieran. Conmovéos, pues, con esa resolución que
se les ve a las esculturas de vencer y de ser libres; se yerguen a paso
de victoria, antes y hoy, y mañana también. Jóvenes
estudiantes, ¡si lo que aguardan estos sacros bronces y los sucesos
que rememoran es el cantor inspirado, que los materiales del poema inédito
y las proporciones homéricas de los héroes y de las hazañas
ahí están ante vuestro amor y curiosidad!
El Monumento es simbólico y en ello, su valor espiritual permanente.
Dice de la actitud vigilante y defensiva contra los enemigos malos de
la Patria, contra los exteriores que la amenazaron un día, y
pueden amenazarla, pero también contra los internos que la amenazan
a todas horas. La Costa Rica de nuestros padres expulsó del suelo
materno al filibustero calculista e inescrupuloso, pero la de nuestros
días tiene que sacarse del alma la concupiscencia, la codicia
del oro -en muchos ciudadanos- adquirido por medios fáciles o
ilícitos; la pasión del lujo, y la frivolidad -en muchas
ciudadanas- ; las cuantiosas deudas públicas y privadas, de lo
que son secuela; la indiferencia por lo propio, la pereza, el alcoholismo,
las enfermedades sociales y las discordias civiles, enemigos más
terribles e implacables que los aventureros extraños: imponerse
-como lo está haciendo la madre España- la disciplina
creadora, constructora, del trabajo, del ahorro y del estudio, hasta
hacerse digna de los progenitores en aspiraciones y realizaciones.
Es simbólico el Monumento y habla de batallas que soldados de
Costa Rica , a toda hora pronta al sacrificio y al servicio, dieron
por la libertad y la justicia; y habla de sucesos que aleccionan a un
pueblo para que empuñe la lanza cuando las empresas libertadoras
y justicieras lo requieran no más; y habla también de
cómo los muertos ilustres cuyas hazañas rememora no están
muertos, sino que han de revivir con sus enseñanzas y ejemplos,
en la conciencia de sus conciudadanos: como guías en las nuevas
batallas que son las que ganemos nosotros por la nueva cultura, en su
nombre y en el de la Patria. Que si en la guerra memorable Costa Rica
iba a la vanguardia, en la paz vaya también, por la sensatez,
por el espíritu previsor, liberal y progresista de sus hombres
y mujeres dirigentes.
Es un símbolo el Monumento y en él se yerguen altivas
e indignadas las patrias luchadoras de ayer, esculpidas en forma de
mujeres para enseñaros, oh señoritas -tantas señoritas
como aquí veo-, que vosotras sois la Patria misma, que haréis
sana y fuerte en los niños venideros, y formaréis honrada
y pulcra, si ese es vuestro ideal y resolución inquebrantables,
si para ello en verdad os han educado. Jurad al pie del Monumento Nacional,
con la conciencia clara de que sois las mantenedoras y salvadoras de
la Patria, de que ésta se redime si a vosotras se redime, de
que a ella se ofende si a vosotras se ofende, de que la envilecen los
que os envilezcan: jurad que de vuestros regazos saldrá la Patria
nueva, sencilla, sin ostentaciones, estudiosa, laboriosa y previsora,
preocupada cordialmente de sus sementeras y de sus niños. Que
al fin de cuentas, jóvenes estudiantes, al corazón, a
las entrañas mismas de la Patria con las mujeres se llega, y
sin ellas al trastorno, la disolución y la muerte.
Joaquín García Monge
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