Carta abierta a los diputados que discuten
el tema de la Academia Internacional para el Fortalecimiento de la Ley
(ILEA)
Dr. Alvaro Montero Mejía
29 de setiembre del 2003
Respetados legisladores, encargados de la discusión del proyecto
para la fundación de una academia policial internacional con
sede en Costa Rica:
El pueblo costarricense no atraviesa por un período ordinario
de su historia sino por uno particularmente intenso y peligroso. En
el milenio que comienza, se le plantea a los pueblos débiles
del mundo, la gigantesca tarea de impedir que sus atributos de dominio
nacional, sean transferidos a fuerzas políticas y económicas
supranacionales, tales como empresas transnacionales o grandes potencias.
Lo primero que tenemos que aceptar, a fin de no cometer errores irreversibles,
es que esas fuerzas internacionales poseen una clara visión de
sí mismas. Con la mayor nitidez han dicho y escrito en numerosos
documentos, que su propósito es confirmar su poderío en
escala mundial en la centuria que recién se inicia. Eso significa
que están dispuestas a controlarlo todo y a ponerlo todo al servicio
de sus intereses nacionales: comercio, ciencia y tecnología de
punta, agricultura, agroquímicos y semillas, producción
masiva de manufacturas, medicamentos, invenciones y patentes, armamentos
sofisticados, telecomunicaciones, petróleo y energía.
Toda su proyección internacional está condicionada a
esta visión del mundo. El plan para la instauración de
la Academia policial que se pretende ejecutar el Costa Rica, no puede
ser separado de ella. Al gobierno estadounidense le interesa ejercer
un control estrecho sobre Latinoamérica, por lo que este proyecto
no es ni inocente ni aislado. Sus principales teóricos militares,
como el General Pace, Jefe del Comando Sur, han explicado ante sus senadores
y representantes, que sus relaciones con ejércitos y entidades
civiles de América Latina, tienen como objetivos consolidar su
concepto de la "seguridad nacional".
Los más altos representantes de la política estadounidense
han dicho sin ambages, que los Estados Unidos no pueden permitirse la
menor debilidad en las áreas sensibles de la economía
y la política mundiales, que pongan en juego los fundamentos
de la "seguridad nacional", dentro del que involucran su visión
estratégica del mundo. En ella, América Latina es considerada
como un punto neurálgico. El General Pace expreso recientemente
en una alocución ante el Senado lo siguiente: "mas del 39%
de nuestro comercio se realiza dentro del hemisferio occidental. Además,
49 centavos de cada dólar gastado en América Latina, se
utiliza en bienes y servicios importados de Estados Unidos. América
Latina y el Caribe, suministran mas petróleo a Estados Unidos
que todos los países de Oriente Medio".
Nada le preocupa más a la mayor potencia de la historia, que
los actos de resistencia o rebeldía de las naciones. Entendemos
por estos actos todos los gestos de independencia y dignidad nacionales,
que busquen preservar el derecho a definir el rumbo de nuestras naciones
en beneficio de los pueblos. No son ni siquiera necesarios actos de
hostilidad o de abierto enfrentamiento por parte de un Estado, sino
que a los Estados Unidos le irritan sobremanera la posiciones nacionalistas
o la defensa firme de los intereses nacionales, tal como ha ocurrido
recientemente en la Cumbre de la OMC en Cancún. En muchos casos,
las diferencias por razones politicas o economicas, han dado lugar a
intervenciones militares, como ocurrió en Grenada, Panamá,
Bosnia, Somalia, Afganistán e Irak. Pero hay casos en que es
mejor para los Estados Unidos trabajar con tiempo. Para eso necesitan
incrementar el trabajo ideológico, es decir, ganar la voluntad
y la conciencia de los líderes y eventuales dirigentes sociales.
Como lo ha expresado paladinamente el citado Jefe del Comando Sur de
los EEUU, General Pace, cuando dijo: "la formación y el
entrenamiento militar internacional
proporcionan oportunidades
de formación profesional para militares Y CANDIDATOS CIVILES
seleccionados cuidadosamente
Estos programas
suministran
fondos a los militares y el personal civil de nuestras Naciones Asociadas
para asistir a cursos de formación profesional en las instituciones
militares de EEUU. Por solo un modesto coste, continúa diciendo
el General Pace, estos programas son valiosas inversiones ya que muchos
de los estudiantes continúan la carrera hasta llegar altos cuadros
dirigentes en sus respectivas instituciones militares Y GUBERNAMENTALES".
(Las mayúsculas son nuestras) Más claro, ni el agua.
No importa si la academia que se pretende aprobar tenga o no, expresamente,
el carácter de una escuela militar con armamentos y polígonos
de tiro. Recordemos que en América Latina los ejércitos
solo han aparecido para realizar las acciones de choque tales como golpes
militares, contención violenta de manifestaciones de masas y
aseguramiento territorial y estatal, en tanto que el trabajo de represión
selectiva y profunda, el espionaje político y social de las organizaciones
cívicas, parlamentos, partidos o sindicatos, las intervenciones
telefónicas o la elaboración de listas negras hasta llegar
a los peores métodos de interrogatorio y tortura, le ha estado
asignado a las fuerzas policiales. Ejércitos y policías
han constituido una sola e indisoluble unidad del militarismo y la represión
continental.
Por otro lado, el gobierno estadounidense, proponente e impulsor de
la Academia, tiene muy pocos atributos para pregonar respeto a los derechos
humanos y aplicar las leyes penales internacionales. Mientras Costa
Rica ha suscrito todos los tratados mundiales sobre derechos humanos,
los EEUU no han suscrito ninguno; los EEUU no solo se han negado a firmar
el Tratado sobre la Corte Penal Internacional sino que la han boicoteado
sistemáticamente.
¿Por qué entonces una academia como esta en Costa Rica?
¿Qué atributos tiene nuestro pequeño país
para convertirse en la sede de un eslabón del proyecto geopolítico
de los Estados Unidos en América Latina? ¿Por qué
razón aceptaríamos ser involucrados en la guerra que los
EEUU llevan a cabo en Colombia? Respondemos: somos un país con
hondas tradiciones democráticas y un gran prestigio, absolutamente
merecido, de pueblo amante de la paz y espíritu antimilitarista.
Evidentemente no tiene el mismo efecto publicitario y político
para los militares estadounidenses, impulsar su proyecto expansionista
y militarista desde una democracia de papel como El Salvador, Guatemala
o Perú, que desde Costa Rica.
Por eso, respetados señores diputados, aceptar la Academia,
es entregarle a una causa ajena a nuestros valores y tradiciones, a
un plan que condena la conciencia democrática mundial, una parte
muy importante y decisiva de nuestra Patria. Votar por su instalación,
es hacer de Costa Rica un eslabón de un plan diseñado
por estrategas para quienes Costa Rica no constituye una nación
independiente y soberana sino una pieza más de su complejo ajedrez
político -militar.
Por eso señores diputados, consciente de la inmensa responsabilidad
que pesa sobre todos Ustedes, respetuosamente los conmino a votar en
contra.
Álvaro Montero Mejía
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