Sobre su pecho no lució medalla ni dorado galón sobre la hombrera; a cambio de la gloria volandera tuvo el valor que se ensimisma y calla.
Del oscuro montón surgió su talla. Jamás probó la vida lisonjera y no pudo abrazarse a su bandera al caer inmolado en la batalla.
Pero, libre por fin de nuestro lodo, todo lo tiene ya, pues lo dio todo. Patria, cuando recuerdes a los que amas,
ora por tu más fúlgida presea: aquél que te ofrendó, como una tea, su palpitante corazón en llamas.
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