Terrorismo en Centroamérica:
¿Promotor arrepentido?
Junio 2003
Granma Internacional
MARIELA PÉREZ VALENZUELA
ESTADOS UNIDOS, el principal abastecedor de armas del mundo, acaba
de
admitir que "está preocupado" por la existencia en
algunos países de
América Central de lo que considera excesivos e innecesarios
armamentos,
que podrían caer, adujo, en manos de terroristas.
¿Será posible que Washington haya olvidado que durante
décadas ha sido
el mayor promotor de la carrera armamentista en esa región, utilizando
a sus agentes, o ha querido decir que las "temidas" armas
pueden
regresar en cualquier momento al país norteño?
El secretario de Estado asistente a cargo de América Central,
Daniel W.
Fisk, dijo hace pocos días en Washington que la estructura y
dimensión
de las Fuerzas Armadas de América Central "responden a situaciones
del
pasado" y deben adaptarse a las necesidades actuales de lucha contra
el
terrorismo.
¿Cómo es posible que en su llamado "combate al terrorismo"
este
funcionario del Gobierno de George W. Bush obvie la figura de Luis Posadas
Carriles, aun sin ser siquiera sometido a juicio en la nación
istmeña, y
reclamado ahora por Venezuela, de donde escapó de una cárcel
en la que
estaba preso por participar en la destrucción en vuelo de una
nave de
Cubana de Aviación en 1976, con el saldo de 73 pasajeros y tripulantes
muertos?
Este individuo, que posee distintos "alias" y colaboró
con la Policía
Secreta Venezolana en los años 70, fue a refugiarse a El Salvador,
donde
obtuvo varias identidades falsas, y según se comprobó
después, entró y
salió por los puntos fronterizos de ese país más
de 50 veces entre 1990
y el 2000.
¿Olvidó Fisk que el connotado terrorista tenía
en Centroamérica su zona
de operaciones, o acaso desconoce las actividades de este hombre al
servicio de la CIA en esa región, como la guerra sucia en Nicaragua,
bajo
las órdenes directas de la Casa Blanca, mediante Oliver North?
El propio Posada Carriles ha dicho que tomó parte en las operaciones
de
suministros que, desde El Salvador, con viajes casi diarios a
Nicaragua, realizaban las Fuerzas Aéreas de Suministros, financiadas
y dirigidas
desde Washington por North.
En 1988 abandonó sus funciones como asesor de seguridad del
ex
presidente salvadoreño, José Napoleón Duarte, para
convertirse en el ayudante
de seguridad del presidente de Guatemala, Vinicio Cerezo. Durante muchos
años se dedicó a reclutar mercenarios en ambos países.
¿Acaso son insuficientes estos hechos o hay que recordarle a
Bush que
fue Posada Carriles quien reclutó a los mercenarios salvadoreños
que
colocaron bombas en centros turísticos cubanos en 1997, y que
en uno de
ellos -en el hotel Copacabana- murió el joven italiano Fabio
di Celmo?
¿Desconoce el Presidente norteamericano quién apoya y
financia a la
mafia terrorista de Miami? ¿Acaso olvidó también
las acciones de Estados
Unidos en el apuntalamiento de varios regímenes en América
Central y los
ingentes esfuerzos para ayudar a derribar la Revolución sandinista,
no
precisamente con palabras?
Resulta paradójico que el Gobierno que hoy insta a Centroamérica
a
reducir el gasto militar para destinar los recursos ahorrados a atender
necesidades sociales, entre otras cosas, concentre el 45,6% del mercado
global de armas estimado en 21,3 mil millones de dólares, según
la
Federación de Científicos Estadounidenses (FAS, por sus
siglas en inglés),
que controla el armamentismo a escala mundial.
Para que nadie dude de su poder hegemónico y tampoco de su injerencia
en los asuntos internos de los países, Estados Unidos fue claro
al
señalar que "jamás tolerará que grupos guerrilleros
tomen el poder en
Centroamérica"; una de las razones que, dijo Fisk, justificaban
la
acumulación de armas en esa área.
Para Estados Unidos su sobrevivencia económica depende en buena
parte
de la producción de armas, de ahí que sin considerar los
esfuerzos
internacionales a favor de la paz, gaste alrededor de dos mil millones
de
dólares mensuales en la industria militar bajo el pretexto de
vender
armas a países en desarrollo para combatir al terrorismo.
Según trascendió en la última Conferencia Internacional
sobre el Agua,
asegurar ese recurso y una higiene adecuada para más de mil millones
de
personas en el mundo, costaría menos de lo que dedica mensualmente
Estados Unidos a la industria bélica.
Para Rachel Stohl, analista del Centro estadounidense para la
Información sobre Defensa, es una tendencia alarmante. "Estados
Unidos está más
deseoso que nunca de vender o ceder armas a países que han empeñado
su
palabra en la guerra contra el terrorismo mundial", subrayó.
Solo durante el 2001, según la FAS, el Gobierno de Bush autorizó
la
exportación de armas y ayuda militar para 170 países,
estimado todo en
varios miles de millones de dólares, por concepto de ventas comerciales
de
gobierno a gobierno, mientras algunas de esas naciones están
sumidas en
la más absoluta pobreza.
¿Si fuera cierta y sincera la preocupación del Gobierno
norteamericano
por las armas en Centroamérica, acaso estaría dispuesto
Washington a
modificar su política de "cooperación" e incrementar
la asistencia
internacional al desarrollo, a la cual se muestra reticente, o continuará
poniendo como condiciones para acceder a su limitada ayuda que los países
muestren interés para "controlar la corrupción o
promuevan el área de
libre comercio", otro de los tantos trucos del imperio para fortalecer
su dominio en la región?
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