Costa Rica:

Surge una "sucursal" de la Escuela de las Américas

Granma Internacional

Julio 2003


ORLANDO ORAMAS LEÓN

Bajo el eufemístico nombre de Academia para el Cumplimiento de la Ley,
Estados Unidos y el Gobierno de Costa Rica acordaron el establecimiento
de una especie de sucursal de la Escuela de las Américas, lesiva para
la soberanía tica y a todas luces una nueva forma de extender la
presencia militar norteamericana en el continente.

Unos años atrás parecería improbable que las autoridades del país
centroamericano se prestaran para un proyecto que contradice la alegada
vocación pacifista de una nación que abolió el ejército, pero ahora abre
las puertas a los militares estadounidenses.

La popularidad del presidente Abel Pacheco cae a niveles récords junto
al desmanejo de los asuntos locales y el entreguismo a la Casa Blanca,
al punto de que la política internacional costarricense practica un
sumiso acatamiento de las decisiones de Washington, incluso cuando de
agredir a otros pueblos se refiere.

En sintonía con los aires bélicos de la administración Bush, el
Gobierno de Pacheco abrió los puertos del país a las cañoneras norteamericanas
bajo el también eufemístico acuerdo de patrullaje conjunto. Asimismo,
dio luz verde a la construcción de una base naval yanki en la región de
Golfito, al tiempo que entregó a la Embajada estadounidense una zona
exclusiva en el privatizado aeropuerto internacional Juan Santamaría.

La instalación de la escuela internacional de policía es otro hito en
el entreguismo a EE.UU., según la denuncia de Huberto Vargas Carbonell,
líder del Partido Comunista Vanguardia Popular. La academia dispondrá
de un director general costarricense, pero su mandato solo tendrá un
carácter administrativo y de supervisión del personal nacional.

El acuerdo firmado el 6 de junio pasado establece que Estados Unidos
nombrará al director del programa y también serán norteamericanos los
directores adjuntos. Este funcionario dirigirá el plan de formación y de
presupuesto anual, dejando al director general tico la función de una
especie de encargado de mantenimiento, cuyos gastos asume el país
anfitrión.

Aun así, su papel queda cuestionado, pues, reza el convenio, "los
Estados Unidos asignarán un administrador financiero de la Academia durante
el tiempo que lo consideren necesario. Además, fiscalizará todos los
gastos de fondos de los Estados Unidos, sujeto a la supervisión del
Director de Programa", es decir el verdadero boss.

Por tanto, la institución policial estará controlada por personal
estadounidense, que además recibirá privilegios de extraterritorialidad. El
manejo administrativo y financiero queda fuera de la jurisdicción de
las leyes nacionales.

Y lo que es peor, lo conveniado obliga al Estado costarricense, previa
notificación de Washington, a otorgar al director general y a los
adjuntos privilegios e inmunidades equivalentes a los que se disponen para
el cuerpo diplomático. Tendrán igual rango los instructores, asesores,
consultores y demás miembros del personal extranjero de la Academia.

Tales prerrogativas, que incluyen exenciones de todo tipo de impuestos,
incluyendo los de exportación e importación, sobre el alquiler de
viviendas, del Seguro Social o de permisos laborales, convierten a los
empleados costarricenses en personal de segunda categoría. Todo ello se
convenió a espaldas del pueblo tico, e incluso de la propia Asamblea
Legislativa.

En momentos en que se suceden los conflictos sociales en el país, con
huelgas de maestros y otros sectores, el Estado costarricense se
comprometió a erogar de las arcas públicas los recursos para comprar el
terreno donde será erigida la instalación. Otro recurso sería pedir un
préstamo a Washington, aumentando así la dependencia financiera.

Las autoridades costarricenses no tendrán incidencia alguna en el
programa de estudios, como tampoco podrán vetar al personal norteamericano.

No es de extrañar que la brutalidad característica de la policía
estadounidense se convierta en uno de los patrones del curso lectivo o que
algunos de los instructores provengan de la tristemente célebre Escuela
de las Américas, que funciona en Fort Bening, Georgia, bajo el disfraz
de Instituto para la Cooperación en Seguridad del Hemisferio Occidental.

En 1996 se habían hecho públicos algunos de los manuales de la Escuela
de las Américas, que entonces incluían métodos de asesinato, torturas,
espionaje y chantaje.

La llamada academia internacional policial será en la práctica otra
base militar norteamericana en Centroamérica, y parte de los esfuerzos por
extender su presencia armada en el continente. Si Costa Rica abolió
hace más de medio siglo formalmente al ejército nacional, ahora lo
sustituye por uno extranjero, con las cañoneras yankis en los puertos y aguas
territoriales y los asesores e instructores enseñando a reprimir las
protestas populares.

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