Sobre el "nuevo" discurso de Oscar Arias Sánchez

Jenaro A. Díaz-Ducca

Sepamos ser libres.org

8 de febrero del 2005

Oscar Arias Sánchez, presidente de Costa Rica entre 1986-1990 y Premio Nóbel de la Paz, aspira actualmente al sillón presidencial por segunda vez. A pesar de que la reelección presidencial está prohibida expresamente por nuestra Constitución Política en su Artículo 132, inciso Primero, la Sala Cuarta Constitucional falló el año pasado a favor de la posibilidad de que quienes ya han sido presidentes puedan volver a serlo. Un fallo por tanto inconstitucional y que deja entrever el enorme tráfico de influencias que existe en nuestro Poder Judicial (recuérdense las declaraciones de Guido Sáenz en su libro de memorias).

En todo caso, Oscar Arias para su campaña política como candidato único del Partido de Liberación Nacional (otra grave aberración democrática) esgrime un discurso que combina elementos de cierto progresismo pacifista con una postura ultraconservadora en el terreno económico y político. Algunas de sus ideas quedaron postuladas en una entrevista que se le hiciera en el programa "Bitácora" de Canal 13 en enero de este año.

Veamos: para Arias el principal problema de Costa Rica es la pobreza, que afecta a más de la quinta parte de la población. La solución que él propone como promesa de campaña es un "salto" en la inversión nacional y extranjera para la producción del país, dirigida expresamente al mercado internacional. Es decir, la creación de nuevos puestos de trabajo en empresas maquilas (que aparte de la privatización de nuestras empresas estatales parece ser la única modalidad de la inversión que los países ricos se animan a hacer en los pobres actualmente), significará mayor empleo, mejores salarios y mayor distribución de la riqueza. Lo que olvida el Premio Nóbel sin embargo es que si bien las exportaciones de Costa Rica han crecido marcadamente en los últimos 20 años, la pobreza también ha aumentado. En breve, más de la misma fórmula neoliberal y excluyente logrará según él todo lo que no se ha alcanzado en este lapso. No ofrece propuestas para la repartición equitativa de los recursos, para la creación de mecanismos que garanticen el desarrollo y la sacrosanta competitividad de la industria y la agricultura nacionales ante los bienes importados (considerando que más del 80% de las empresas nacionales producen para el mercado costarricense y centroamericano).

En su discurso el expresidente habla de "insertar a Costa Rica en el mundo", léase, como nación maquiladora mediante el Tratado de Libre Comercio con los EEUU (TLC-CAFTA). Para ilustrar nos ofrece el caso de Singapur, país donde decenas de miles de niños y mujeres confeccionan prendas de vestir de marcas internacionales en condiciones infrahumanas de semiesclavitud, y donde se firmara un TLC con los EEUU que según expresara la ex jefa de "negociadores" del Ministerio de Comercio Exterior (Comex), Anabel González, es el modelo del TLC que subscribió Centroamérica.

Lo que Arias deja de mencionar es que el discurso de la "locomotora" del comercio pertenece a la jerga del siglo XIX, periodo en que la explotación de los seres humanos y del medio ambiente inició la marcha suicida del capitalismo moderno que a su vez produjo respuestas sociales y políticas como el marxismo, la Revolución Soviética, el Mayo 68 en Europa, los movimientos guerrilleros en Latinoamérica, y más recientemente las iniciativas altermundistas entre otras muchas expresiones. En otras palabras, de igual manera que el Movimiento "Mercenario" en Costa Rica, Arias sugiere devolver el calendario 200 años como manera de "progresar".

El candidato único también afirma que los EEUU tienen posturas equivocadas en todos los aspectos, principalmente en su política exterior, la invasión de Irak, su desprecio hacia la protección del ambiente a través del Protocolo de Kyoto, su negación al desarme y a la firma de tratados internacionales, etc. No obstante, rescata la política comercial de "apertura" que impulsa el gobierno del genocida George W. Bush como único acierto. Olvida Arias que la "apertura" de los EEUU está condicionada severamente por su negativa de incluir los 300 mil millones de dólares anuales en subsidios agrarios e industriales entre los temas de negociación para el TLC, el uso del "dumping" para quebrar a nuestros productores, los aranceles discrecionales (como en el caso del acero importado del Brasil), las monopólicas leyes de derechos de autor, la posibilidad de patentar seres vivos (biopiratería), etc. Bueno, no lo olvida del todo, puesto que pone su fe en que la Organización Mundial del Comercio (OMC) será capaz de "cumplir su trabajo" en el futuro, que aunque no especificó, consistirá en obligar o probablemente convencer a las naciones ricas para que abandonen sus prácticas proteccionistas, léase bien: ¡en los próximos 20 años! O sea, tiempo suficiente para que se hayan arruinado todos los pequeños y medianos agricultores e industriales de Costa Rica y los países subdesarrollados.

Finalmente "olvida" que si Bush invadió Irak (algo que Arias sí reconoce en esos términos), lo hizo por el petróleo del pueblo iraquí. Los EEUU históricamente han enviado a sus marines a todas las naciones del globo donde tienen fuertes intereses económicos (con contadísimas excepciones como Vietnam, en palabras de Noam Chomsky), pues los militares son el brazo armado de los comerciantes de Wall Street. En fin, Arias pasa por alto la realidad que el "libre comercio" lo imponen los EEUU con bombas y balas.

Dado que un hombre de tan extensa carrera académica y política difícilmente puede obviar hechos así de contundentes de una manera casual, su "amnesia" aparentemente responde a sus ambiciones propias como empresario (valga recordar que Arias es uno de los accionistas mayoritarios del ingenio Taboga, que saldrá favorecido con las cuotas de azúcar y alcohol que importarán los EEUU). El TLC-CAFTA es un instrumento que los EEUU y las oligarquías centroamericanas utilizarán para terminar de despojar a los pueblos de sus conquistas sociales y de su patrimonio. Oscar Arias, al igual que José María Figueres (quien recientemente admitió apoyar al ex presidente en sus nuevas aventuras), Miguel Angel Rodríguez y Rafael Angel Calderón (que esperan juicio por su implicación en comisiones turbias de empresas transnacionales y préstamos internacionales), y muchos otros político-empresarios que promueven el tratado, encuentran en el TLC una dorada oportunidad. Claro, lo que no dicen públicamente es que la oportunidad es para sus negocios personales y no para Costa Rica, tal y como reza el dogma que predican nuestros ricos: "si a mí me va bien, al país también tiene que estarle yendo bien". Aunque en realidad el país se esté yendo al carajo.

Resumamos: un voto por Oscar Arias es un voto por el TLC y la profundización de la pobreza y la desigualdad en Costa Rica. Todavía estamos a tiempo de ser actores y no espectadores en la construcción del bienestar nuestro y el de nuestros descendientes.

 

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