Oscar Arias o la gran imposturaAsdrúbal Marín Mayo 2005 Si durante muchos años el pueblo de Costa Rica fue testigo de cómo se manejaba la política en este país, los inicios del tercer milenio no dejó nada a la imaginación de los habitantes de esta pequeña "Suiza centroamericana". La jugada perfecta fue montada con el respaldo de Nuestra Gran Sala Constitucional. Pasando por encima de la Asamblea Legislativa, nuestra magna autoridad, de un plumazo, le da el visto bueno al ex presidente Arias Sánchez para postularse de nuevo a la presidencia de la república. Lástima que al señor Ministro de Cultura don Guido Sáenz le tembló la pluma cuando sintió "pisadas de animal grande" y le achacara a su memoria, que tal parece no le es tal, una famosa "licencia literaria" cuando conversó por teléfono con el señor ex presidente de la república y éste le dijo que algunos de los magistrados lo habían traicionado. ¡Y tanto que confiábamos en la memoria de don Guido!. Bueno, pero el asunto no es con el. Lo que nos interesa dejar claro aquí es porqué don Oscar Arias no debe volver a gobernar este país. Aparte de ser de la misma argolla de aquellos que le regalaron la reelección, el señor Arias representa a un sector económicamente poderoso de la sociedad costarricense. Sector que está en total control de la política y la economía costarricense. Aliados a ese control encontramos a grandes empresarios, políticos, seudo intelectuales, oligarcas, grandes exportadores e importadores, banqueros y financistas, etc., casi todos insertados hasta el tuétano en los poderes de la república. Es decir, quienes toman las decisiones desde los supremos poderes de la república, son los mismos políticos-empresarios que ven en Oscar Arias a un mecenas de sus grandes intereses económicos. Aunque el señor ex presidente nos venga ahora con su tradicional, pero maltrecho discurso, de que sólo una administración suya podrá sacar a Costa Rica adelante, lo cierto es que existen una y mil razones que descalifican sus farsantes afirmaciones. Primera razón, este país se precipita en la debacle gracias a gobiernos corruptos y neoliberales como lo han sido el PLN y el PUSC, dentro de los cuales se ubica el gobierno del señor Arias 86-90. Segunda razón, Don Oscar pertenece a la oligarquía-empresarial criolla y terrateniente, ahora dueño de empresas urbanizadoras, que durante toda la vida se han dedicado a la búsqueda desenfrenada de acumulación y riqueza por encima de las necesidades de la población costarricense. Tercera razón, su familia es parte de la cofradía política tradicional costarricense cuyo éxito ha estado ligado al gran capital y al abuso y manipulación del poder político-empresarial, propio de una casta que sin reparo ni pudor han buscado la forma de entregarle a las grandes transnacionales extranjeras las instituciones públicas del pueblo costarricense. Cuarta razón, su famoso Premio Nóbel, que trata de hacerlo ver como un triunfo del pueblo costarricense, no fue otra cosa que el reconocimiento internacional que el sistema oficial del poder capitalista le otorgó por convertirse en baluarte e instrumento solapado que debilitó la lucha de los sectores populares y pobres del istmo centroamericano, que para ese momento amenazaban con liquidar las dictaduras militares que financiaba y sostenía el gobierno norteamericano de Ronald Reagan. Pero no serán esas cuatro razones anteriores las únicas que nos pueden servir para descalificar y repudiar una nueva administración Arias Sánchez. Una quinta razón nos servirá para quitarle la careta y desenmascarar lo que fue su administración hace 20 años. En el cuatrienio 86-90 la administración de Oscar Arias Sánchez, y esto es bueno para que los jóvenes que nacieron a partir del ochenta se den cuenta, "...tuvo fuertes consecuencias sociales y políticas en términos de caída del bienestar y aumento de la agitación y protesta popular contra el gobierno. Debido a la radicalización del ajuste...en los tres primeros años...se produjo un descenso de los salarios, la pobreza se incrementó del 21.1% en 1987 al 24.4% en 1988 (en sólo un año), el gasto social también se contrajo a la vez que la protesta popular contra el ajuste, especialmente de organizaciones campesinas, también tomó nuevos visos en marchas masivas tanto en San José como en otras regiones del país." (Sánchez, 2004: 218). A pesar de todo, y sin tomar en cuenta la inconformidad y malestar del pueblo costarricense que amenazaba con una confrontación social, el señor Arias, en el año de 1989 envía a la Asamblea un nuevo Programa de Ajuste Estructural (II), con el fin de seguir con la reestructuración de la economía costarricense. La Administración Arias Sánchez 86-90, se caracterizó por ser un gobierno al servicio de los sectores poderosos y abandonó a aquellos sectores más pobres de la sociedad costarricense. Ejemplo de lo anterior es que a los grandes sectores exportadores, importadores, oligarcas y grandes empresarios los premió con la reducción de impuestos para las exportaciones, promovió incentivos a empresas proveedoras del sector exportación, fomentó políticas monetarias como la apertura del mercado financiero para favorecer a los bancos privados y liquidar a la banca nacionalizada (Ley de Reforma al Sistema Bancario), impulsó la integración industrial al programa de promoción de exportaciones para que los industriales se beneficiaran de los diferentes regímenes creados. A la par de todos estos privilegios que disfrutaron de la mano bondadosa de don Oscar Arias los sectores más opulentos del país, se dio la parte más negativa de tan nefasta administración. Consistió en arremeter indiscriminadamente contra los grupos pobres y marginados de la sociedad costarricense. Liquidó el Consejo Nacional de Producción y los Estancos, lugar donde los pobres adquirían a costos muy bajos sus víveres de primera necesidad, dejó a la libre la importación de granos básicos lo que afectó a los pequeños agricultores costarricenses, ajustó los precios agrícolas, redujo los subsidios, desfinanció los préstamos para la agricultura, los cuales cayeron 4% en tan solo dos años; del 16% en el 85 al 12% en el 87, subiendo también los intereses, etc. (Véase Sánchez, 2004: 221-224) Pero lo que vino a reforzar el desinteresado apoyo
que el señor Arias Sánchez tenía por los agricultores
campesinos costarricenses, y lo que los llevó a su liquidación
definitiva, fue su cacareada agricultura de cambio. La mencionada reforma
al sector agrario nacional, centrada en productos no tradicionales,
desmanteló a la agricultura tradicional costarricense. Una vez
que los campesinos agrícolas se embarcaron en eliminar sus cultivos
históricos por los nuevos, se encontraron con una administración
que los abandonó a la suerte, llevando a la gran mayoría
de ellos a perder sus propiedades al no poder cancelar sus préstamos
con las instituciones crediticias. Perdieron sus productos, perdieron
sus fincas y hasta sus familias. Muchas de esas pequeñas fincas
fueron a parar a manos de latifundistas y terratenientes y los campesinos
a engrosar los anillos de pobreza y desempleo en los barrios urbano-marginales
de la capital y sus hijos a convertirse en drogadictos y niños
de la calle, expuestos a la prostitución y al abandono. ¿Le
importó o afectó en algo esa realidad al señor
ex presidente Arias Sánchez una vez entregado el gobierno?. Claro
que no. Lo cierto es que la agricultura de cambio solo fue un testaferro
utilizado por don Oscar para encubrir la verdadera razón en donde
"la agricultura tradicional pasa a ser marginada por el gobierno
a efecto de satisfacer los efectos aperturistas de los grupos neoliberales
locales como de las entidades financieras internacionales" (Sánchez,
2004: 225). "Como resultado del abandono gubernamental de la agricultura
tradicional, los pequeños y medianos productores llegaron a convertirse
en uno de los principales focos de tensión y de lucha social
en Costa Rica...Agrupados en organizaciones campesinas, estos se opusieron
a la política agrícola neoliberal, bloqueando carreteras,
tomando edificios municipales y haciendo manifestaciones públicas
en la capital, lo cual ha resultado, en muchos casos, en represión
policial y encarcelamiento para muchos campesinos"(Sánchez,
2004:226). Es muy importante detenerse en esto último que nos
acota el señor Sánchez. Se hace patente aquí lo
manifestado por las organizaciones populares que se reunieron el pasado
jueves 14 de abril en el Teatro Popular Melico Salazar en la "Cumbre
de los Sectores Sociales" en donde señalan al ex presidente
Arias de estar "dividiendo y polarizando la sociedad de su propio
país y llevándola a un enfrentamiento social sin precedentes
y de incalculables consecuencias". No es algo antojadizo ni poco
serio lo manifestado por los sectores sociales. Más bien se sustenta
y reafirma en la lucha que tuvo que dar el pueblo costarricense en dicha
administración. No hay ninguna duda, Oscar Arias divide y polariza
a la sociedad costarricense. Seguramente él y su hermandad de
oportunistas del gran capital consideran que veinte años no son
nada para poner la mirada y volver por lo que no se pudo vender, como
Millicon, a las grandes transnacionales. De que su oferta al pueblo costarricense es parte de su embustera campaña electoral lo deja claro su mentor político-económico, el periódico La Nación S.A., cuando dice que "ahora viste con ropa más casual (de joven) y no desaprovecha oportunidad para sonreír cuando ve el flash de la cámara". (L.N, 30/01/05: ). En otras palabras, su postura y su acercamiento con los sectores populares costarricenses, su supuesta preocupación y sacrificio por los más necesitados, son simple y llanamente la máscara que utiliza para manipular la ingenuidad del costarricense. Ante tan descarada arremetida neoliberal, se convierte en un deber moral y ético preguntarse cuál sería el futuro de Costa Rica en caso de que la ciudadanía se dejara manipular, una vez más, por la propaganda electoral en las elecciones del 2006 y eligiera al señor Arias. La respuesta no exige mucho esfuerzo. No hay duda de que quien más sufriría las consecuencias serían los sectores pobres de la sociedad costarricense. La privatización de las instituciones públicas sería un hecho. Las ventas de las reservas acuíferas, las zonas costeras, los parques nacionales, las regiones montañosas, las concesiones a las grandes transnacionales, etc. todo eso se convertiría en una triste realidad. Es decir, se estaría hipotecando el futuro de las generaciones venideras. Pero eso no terminaría ahí. No podría llevarse un país a la ruina y nada suceder. En el momento en que se diera, siguiendo los caprichos y los intereses de las mafias político-empresariales de este país, la posibilidad de una administración de semejante naturaleza, y contando con una posibilidad remota de aprobación del TLC en la Asamblea Legislativa, habrá un pueblo dispuesto a dar la lucha a favor de la constitucionalidad costarricense y la defensa de sus instituciones políticas y sociales. No hay duda de que un gobierno de Oscar Arias llevaría por la senda de la convulsión y el caos social. El pueblo costarricense ha sido muy pasivo, cauto y tolerante con la oculta, perniciosa y dañina forma de gobernar de los sectores políticos y empresariales costarricenses. Sucedió lo mismo, y durante muchos años, en América del Sur. Narcoempresarios y político-mafiosos se repartieron el poder en Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela y Bolivia, pero llegó el momento en que el pueblo se reveló. La movilización en las calles y la conciencia en las urnas, hicieron de esos países naciones con esperanza e ilusiones y proyectos alternativos y viables para la construcción de la nueva sociedad. Hoy, la mayoría de esos países, marchan por la senda de la justicia y los derechos humanos, en plena confrontación con un modelo deshumanizante y fracasado como lo es el modelo neoliberal. El neoliberalismo, la ley de la oferta y la demanda, la mano invisible del mercado, la privatización de las instituciones públicas, modelo que nos quiere imponer Oscar Arias y su poderoso grupo económico, sólo han llevado a las sociedades latinoamericanas a las luchas fratricidas, a la convulsión social, a la polarización entre unos que tienen mucho y otros que no tienen nada. Los pueblos pobres de América Latina han tenido que recobrar en las calles lo que los políticos y empresarios le han robado en el gobierno. El pueblo de Costa Rica, representado e integrado en sus movimientos populares, no debe permitir un nuevo gobierno de Oscar Arias. Es indispensable la propuesta de un proyecto popular alternativo, viable y posible, de carácter socialista, integral, incluyente, defensor de los derechos humanos, la justicia social, la paz, etc. Un gobierno con un Estado fuerte, impulsor de la reforma agraria, de la renacionalización de la banca, del fortalecimiento del agro, defensor de las instituciones públicas, vigilante del mercado y la iniciativa privada, forjador y defensor de la educación pública. Sólo haciendo realidad un Estado de esta naturaleza podremos estar seguros que estaremos construyendo esa "otra Costa Rica posible" que el neoliberalismo de los políticos y empresarios tradicionales nos ha arrebatado y no cesan en su empeño de aniquilarlo. Bibliografía 1-Chomsky, Noam. (2000). El Beneficio es lo que Cuenta; Barcelona, Crítica. 2-Sánchez Sánchez, Rafael (2004). Estado de bienestar, crisis económica, ajuste estructural en Costa Rica; San José, C.R.: EUNED 3-La Nación S.A. 22/04/05-30/01705. 4-La Prensa Libre. ¡/04/05 Asdrúbal Marín Murillo |