El zombiLuis Paulino Vargas Solís23 de enero del 2006 www.tribunademocratica.com Aparte salacuartazos fraudulentos, el liderazgo de Oscar Arias a lo sumo se alimenta del pasado. Es el imaginario popular construido alrededor del recuerdo lejano de un Premio Nóbel. Es la ilusión que imagina a un político común y corriente, como un sujeto situado más allá del bien y el mal. Es, en resumen, un liderazgo que chupa de la ingenuidad o, quizá, de la desnuda urgencia popular de creer en cualquier cosa. Es, fundamentalmente, un falso liderazgo porque su base es materia muerta: lo que fue, que en todo caso solo en parte era atribuible a Arias, puesto que lo logrado –limitado y precario- no habría sido posible sin una tradición histórica que brindaba respaldo y legitimación, y sin una confluencia de voluntades que trascendió ampliamente cualquier individualidad. Es un liderazgo vacío porque tan solo se sostiene sobre hechos acaecidos dos decenios atrás. En cuando se le exige un poquito, Arias aparece públicamente –cuando excepcionalmente tiene el valor de hacerlo- como un político sin arrestos, sin coraje ni ideas. Es un señor cansado y sin entusiasmo; un sujeto que tan solo se esfuerza por aparentar la misma pose intelectual de sus tiempos de gloria. Si hoy tiene posibilidades de ser re-electo Presidente de Costa Rica es gracias a la fuerza del poder económico y mediático que lo sostiene y, sobre todo, a las condiciones particulares de la actual coyuntura histórica. Son los tiempos en que las oligarquías locales decidieron renunciar a los últimos vestigios de un proyecto nacional. Para ellos, Costa Rica no es un programa aceptable desde el punto de sus ansias patológicas de enriquecimiento. Perdieron la paciencia y decidieron que, a como diera lugar –inclusive por medio de una decisión judicial espuria- se romperían los diques para sacar la carreta “de en medio del río” y llevarla definitivamente a la orilla ansiada: la de la definitiva liberalización y apertura; la de un país enteramente subordinado a los imperativos de la globalización neoliberal. En ese contexto, el TLC con Estados Unidos es la grúa que –pasando por sobre cualquier mecanismo de diálogo o cualquier resistencia ciudadana- levanta la carreta para llevarla adonde ellos quieren. Y Arias será entonces el monigote que hará de conductor, manejado tras el escenario por quienes lo instalan en ese puesto. El falso liderazgo de Arias se nutre envenenándose, mientras succiona materia muerta resucitada por medio del aparato mediático y publicitario. La plataforma se la proporciona el Partido Liberación. Y este, en contrapartida, es estrictamente un cascarón. Si en un caso se quiere darle vida a lo muerto, en el otro –el del partido- es materia inerte ataviada de colorines, vacía de toda la tradición que le habría dado sentido, contenido y, por lo tanto, vida. Dicho de otra forma: el falso liderazgo de Arias es materia muerta que camina. Es decir, es un zombi. En el caso de Liberación es materia muerta devenida esqueleto emperifollado. Si en el primer caso se quiere hacer de lo muerto algo vivo; en el segundo se renuncia a una rica historia, para hacer de un partido un simple andamiaje publicitario. De tal forma, se hace de Liberación lo que se quiere hacer de Costa Rica: una masa informe sin raíces ni identidad. En ese sentido Arias es tan solo el arlequín que abre el desfile. Un líder fabricado a la medida de la estrategia invertida de los poderes económicos, políticos y mediáticos al comando hoy día de Costa Rica. Y digo “estrategia invertida” porque en realidad es un movimiento hacia la auto-negación de su condición como clases dirigentes: su horizonte y aspiraciones son a tal punto estrechas, que, como grupo social, ya tan solo aspiran a ser servidores obsecuentes y cumplidos representantes del capital transnacional y de los otros poderes globales. Se imaginan sus socios menores aunque tan solo se arrastran como siervos incondicionales. De ahí el TLC y Arias. De ahí que su orgasmo intelectual lo alcancen con los “tlc-dream-team”. De ahí que su hambre de “patriotismo” se vuelva hartazgo después de un gane de la “sele”. La eventual elección de Oscar Arias será un importante avance para esta estrategia. Su alternativa es, fundamentalmente, la de un proyecto nacional, pluralista y democrático, asentado en un compromiso con el derecho a una vida digna para cada costarricense, que es, asimismo, el compromiso con la vida concreta: la de los seres humanos y la de la naturaleza. Debería ser el proyecto asumido por los sectores progresistas, en general, y por una izquierda efectivamente remozada y democrática, en particular. En la práctica, esta izquierda –al menos a nivel electoral- no existe. Pero, peor aún, quienes deberían comprometerse con ese proyecto nacional le han puesto la mesa servida a Arias y el TLC. Según se ve, sus vanidades y rebatiñas personalistas y su rigidez ideológica, siguen siendo más fuertes que su amor por Costa Rica y su compromiso con la democracia y la justicia. |