HOMILÍA DE MONSEÑOR HUGO BARRANTES UREÑA

Por cortesía de la Curia Metropolitana, Arquidiócesis de San José

curiam@ice.co.cr


2 de agosto del 2005


“Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”

En la cruz está la vida. Por eso la cruz es un referente obligatorio en la existencia del cristiano, tal y como el mismo Jesús enseñó a sus discípulos, “El que quiera seguirme que tome su cruz cada día y sígame”. Vivir la cruz es hacer de nuestra vida un don para los demás. No hay auténtico cristianismo sin compromiso. En este sentido, María se convierte en la primera discípula de su Hijo, pues, el SI de aceptación del proyecto de Dios en su vida, es asumido hasta las últimas consecuencias, al punto de mantenerse firme al pie de la cruz. Estar junto a la cruz es padecer con Jesús, con este Jesús que se hace ofrenda para que en Él tengamos vida, y vida en abundancia; y comprometernos en la tarea de comunicar esta vida a los demás.

2. Preguntémonos ¿qué sentido tendría que cada año la mayoría de los costarricenses nos dirijamos al encuentro con María nuestra Madre, que dejando nuestras ocupaciones habituales, nos unamos como familia costarricense, si nuestra motivación última no fuera atender la indicación que nos hace nuestra Madre, “haced lo que él os diga? Realmente hemos venido a escuchar lo que Jesús nos quiere pedir como discípulos suyos que somos. La mirada del Crucificado hacia su Madre y hacia el discípulo amado, continúa hoy dirigida hacia nosotros, pidiéndonos que tengamos la capacidad y determinación de leer, desde el árbol de la Cruz, todas aquellas luces y sombras, manifestaciones de vida y muerte, presentes en nuestra realidad eclesial y nacional.

Los cristianos somos el pueblo de la vida y para la vida. Tenemos que ofrecer a nuestro mundo nuevos signos de esperanza, trabajando humildemente para que aumenten la justicia y la solidaridad y se afiance la cultura de la vida en nuestra sociedad. Sin olvidar que seremos juzgados ante el tribunal de las generaciones futuras y ante Dios, por lo que hagamos o dejemos de hacer, para que nuestra patria tenga verdadera vida, en la justicia y la verdad, y la tenga en abundancia. Con razón decimos que solamente lograremos una humanidad mejor, cuando todos nos decidamos a poner en práctica el amor, entendido como actitud de respeto, ayuda, servicio, comprensión, perdón y sentido de fraternidad.

Luces y sombras:

En los distintos momentos en que, como Conferencia Episcopal de Costa Rica, los obispos hemos considerado la situación de nuestra Iglesia hoy, hemos abierto nuestro corazón para escuchar lo que el Espíritu nos quiere decir en este tiempo, conforme nos lo ha señalado nuestro recordado Papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte: “Es el momento de que cada Iglesia, reflexionando sobre lo que el Espíritu ha dicho al Pueblo de Dios…, analice su fervor y recupere un nuevo impulso para su compromiso espiritual y pastoral”.

Sin duda, la mirada pastoral sobre nuestra Iglesia brinda luces y sombras, porque, en cuanto peregrina, “es santa y siempre necesitada de purificación”. ( Ver LG 8 ).

Como enseña el Santo Padre Benedicto XVI, Cristo, y sólo Él es nuestro programa de pastoral, porque todo lo que proyectemos y realicemos se centra en definitiva en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar y anunciar.

Queremos contemplar nuestra situación eclesial con sensibilidad de pastores, con ojos de fe y corazón agradecido por los dones que Dios sigue repartiendo en su Iglesia y, como tales, somos responsables de fortalecer a las ovejas débiles, de curar a las enfermas, de buscar a las perdidas, de vigilar y evitar los peligros y de llevar a todas a buenos pastos (Cf Ez 34,16; Lc 15,4-7).

Un nuevo pontificado:

Nuestro actual Papa tiene plena conciencia de que está en medio de los hombres para servir, pues, así lo ha manifestado en su primera alocución; el Pontificado no es un honor, simple y meramente humano, sino un servicio a Dios en medio de los hermanos.

Como miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, todos y cada uno de nosotros estamos llamados a reconocer en él al Pastor Fiel que nos indica con autoridad cuál es el camino que conduce a la Salvación.

De igual manera, en la claridad y certeza de doctrina que le caracteriza y es por todos conocida , el Santo Padre ha asumido el reto de enseñarnos de conformidad con la única verdad, aunque esta actitud no guste a quienes pretenden que la Iglesia renuncie a la verdad y navegue por el mar del actual relativismo moral y filosófico.

En este sentido temas como la defensa de la vida desde el momento de la concepción hasta el ocaso de la existencia por muerte natural, la experimentación genética con seres humanos y el matrimonio entre personas del mismo sexo, exigen, del Santo Padre fidelidad, antes que nada, a la Palabra de Dios y al Magisterio de la Iglesia.

V Conferencia General del CELAM:

La Iglesia Latinoamericana, Iglesia del Continente de la Esperanza quiere seguir siendo fiel al llamado de Cristo. Así, se ha puesto en marcha la preparación de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe.

En los distintos encuentros preparatorios se ha insistido en recuperar una categoría fundamental de la vida cristiana, a saber: “Ser auténticos discípulos de Jesús”. A eso debe llevarnos todo esfuerzo pastoral.

La nueva Diócesis de Cartago:

Aprovecho la ocasión para expresar mi gratitud al Señor y al Santo Padre por este regalo tan ansiado por nuestro pueblo y, a la vez, manifestar mi saludo afectuoso, sincero y fraternal a monseñor José Francisco. Ulloa, Primer Obispo de Cartago, al clero diocesano y religioso, a las comunidades religiosas, a los seminaristas y a todos los fieles laicos de esta porción del Pueblo de Dios.

La creación de una nueva diócesis, obedece ante todo a la necesidad de pastorear en forma más directa a los fieles de determinado territorio. En efecto, la extensión y densidad poblacional y la compleja realidad de la Arquidiócesis de San José , llevó a la Conferencia Episcopal a solicitar al Santo Padre la creación de esta diócesis.

Presencia de la Iglesia en el caminar de la sociedad.

Nos llena de mucha satisfacción el contemplar como la Iglesia ha estado inserta en los distintos procesos de construcción de nuestra identidad nacional.

Quien quiera leer con objetividad e imparcialidad la historia patria, debe reconocer el aporte que la Iglesia ha dado a la educación, no sólo académica sino técnica; el apoyo en el servicio prestado en los hospitales, cárceles y otros centros asistenciales. Igualmente destaco que el progreso de muchos de nuestros pueblos se ha consolidado gracias a la presencia y compromiso de sacerdotes, preocupados por el bienestar de las comunidades a ellos encomendadas.

Es cierto, ayer como hoy, seguimos empeñados en conservar y edificar templos, que además de ser lugares de culto sirvan a nuestro patrimonio religioso y cultural. Pero también, en el presente como en el pasado, bajo el alero de la Iglesia funcionan algunos colegios, no me refiero sólo a los colegios religiosos, sino aquellos que por falta de infraestructura propia, hoy están trabajando en salones parroquiales.

Es claro entonces, que entre Iglesia y sociedad costarricense, hay una mutua colaboración, y que la Iglesia no busca ni defiende privilegios. Nuestra prioridad es el servicio a pesar de las limitaciones, buscando siempre el mayor bien.


Compromiso y perseverancia de los laicos:


Una de las grandes preocupaciones de nosotros los Obispos ha sido la creciente indiferencia religiosa o secularismo, definido por Juan Pablo II como la exclusión de Dios de toda realidad humana, la renuncia a la raigambre religiosa presente en el corazón del ser humano y la opción por una falsa libertad sin límites que nos lleva a postrarnos ante los más diversos “ídolos”.

A pesar que esta forma de indiferencia está azotando nuestra sociedad, con gran alegría y satisfacción, constatamos que son muchos los católicos que, firmemente cimentados en la fe heredada, se mantienen luchando para que nada ni nadie les arranque de su corazón, lo único que da sentido a la vida de toda persona: su fe y amor a Dios.

Ejemplo de ello es la gran afluencia de fieles a este Santuario Nacional durante estos días y durante el año, y sobre todo, el compromiso eclesial que muchos han asumido al interno de las comunidades y en la sociedad.

De nuevo hago un llamado e invitación ferviente al Pueblo Cristiano, para que sintiéndonos orgullosos de nuestra fe y de nuestra Iglesia, con nuevo ardor, nuevos métodos y expresiones, asumamos con alegría la nueva evangelización, convencidos de que, como insistiera recientemente el Santo Padre, cuando se acepta a Cristo sinceramente, él no le quita nada a nadie.

Año Vocacional

La disminución de vocaciones está afectando también de manera significativa la atención al Pueblo de Dios. Es necesario y urgente organizar una pastoral vocacional amplia que llegue a las parroquias, a los distintos centros educativos y sobre todo a las familias.

Hago una invitación especial a los jóvenes, para que respondan con generosidad al llamado que el Señor les sigue haciendo para entregarse plenamente al servicio del Reino.


Incongruencia entre fe y vida de muchos creyentes


También se constata con dolor, que haya quienes nos confesamos católicos y sin embargo no vivimos como tales. No podemos seguir por el sendero de la doble moral, acomodando el Evangelio a nuestro capricho y parecer. Si se es cristiano, es necesario serlo en lo privado y en lo público, dejándonos guiar por la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia.

Al respecto, recordemos que nuestra fe conlleva a adherirnos a todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por tradición, es decir, en el único depósito de la fe encomendado a la Iglesia, y que, al mismo tiempo, es propuesto como divinamente revelado, . evitando cualesquiera doctrina contraria e incompatible con la fe.

Iglesia católica reformada

Desde hace algunos años se dio a conocer en nuestro país la existencia de una así autodenominada Iglesia católica reformada.

Esta agrupación, acepta en sus filas a sacerdotes en situación irregular, y a fieles católicos que no quieren someterse a la disciplina eclesiástica. Se trata por tanto de un grupo cismático. O sea, una herida al corazón de Cristo.

Una vez más, como pastor advierto a los verdaderos católicos, lo que ya indicara en el comunicado sobre esta materia el veintiuno de mayo del dos mil tres, “llamo a todos los fieles católicos de la Arquidiócesis –y ahora agrego, de otras diócesis- a dejarse apacentar únicamente por los párrocos y demás sacerdotes legítimamente designados. No deben aceptar, ni asistir a las celebraciones del mencionado grupo, porque al no estar en comunión con la Iglesia, con sus actividades más bien hieren profundamente la verdadera comunión eclesial.”


Escándalo de algunos sacerdotes

En este tema, los obispos nos hacemos eco de las palabras del Santo Padre Juan Pablo II en cuanto que el abuso sexual de menores "desde todos los puntos de vista es inmoral y, con razón, la sociedad lo considera un crimen y también un pecado horrible a los ojos de Dios.”

El abuso sexual de niños y jóvenes por parte de algunos sacerdotes han causado gran dolor, indignación y confusión. Las víctimas inocentes y sus familias han sufrido terriblemente. Ante esta situación, los obispos asumimos la responsabilidad de enfrentar este problema en forma enérgica, constante y eficaz.

Consta que, en los casos que se han denunciado, hemos conducido una investigación inmediata y objetiva.

La pérdida de confianza es mucho más trágica cuando tiene por consecuencia la pérdida de la fe, la cual es nuestro deber sagrado promover. En esto vemos, un llamado de Dios a la conversión y a una mayor fidelidad de parte de la jerarquía.

Varias Costa Rica:

En mi recorrido por 66 parroquias de la Arquidiócesis de San José, especialmente en los barrios del Sur y en otros sectores, he descubierto mucha pobreza y miseria. Del mismo modo, he comprobado que existen varias Costa Rica. Una, impenetrable, de grandes mansiones y lujo, de personas que viven casi como en otro mundo. Otra, la de gente sencilla, accesible, con raíz y estirpe campesina, gente pobre pero dispuesta siempre a colaborar. Hay aún otra Costa Rica, la que vive en precarios, en cuevas, hacinada, sumida en la extrema pobreza, excluida de los bienes y servicios que el país ha logrado; esta es la Costa Rica desconocida; es la OTRA COSTA RICA.

Es sensible la brecha que cada día se va ensanchando entre los que más tienen y los desposeídos. Día a día, muchos costarricenses ya sea, por una alza de la gasolina y por el alza de la luz, del arroz, del agua o de la canasta básica dejan de estar en el filo de la clase media baja, para engrosar la clase pobre; dígase otro tanto de cuantos están al borde entre la pobreza y la miseria.

Una sociedad desigual, plantea contrastes sustanciales entre los diferentes estratos. Con desánimo, tendríamos que aceptar que en nuestra sociedad los vasos comunicantes entre las diferentes clases sociales tienden a desaparecer, manifestando las crecientes distancias entre unos y otros.

El Mundo de los Pobres:

Al referirme a los pobres, lo expuesto adquiere un especial dramatismo pues, ya no hablamos simplemente de desigualdad, sino de abierta exclusión. Esos hermanos pobres están excluidos del bienestar generado por el crecimiento económico. Si entre la clase media y la alta hablamos de desigualdad, entre los pobres y las demás clases hablamos de exclusión: ya no es posible, por ellos mismos, salir de su lamentable condición.

Por ejemplo, cabría preguntarse si, de verdad es real el derecho a la salud como un derecho de todos pues constatamos que mientras unos tienen acceso a la salud de primer mundo, otros sólo para aliviar sus dolores, y un sector de nuestra sociedad corre el riesgo de ser excluido del legítimo derecho a la salud.

También comprobamos que existe una educación de primer mundo, y otra de segunda categoría.

De igual modo, unos costarricense poseen viviendas de millones de dólares, otros apenas costeando alquileres y muchos, en latas y cartón.

Además, hay costarricenses con empleos y salarios de Ejecutivos de transnacionales, otros de humildes funcionarios públicos y otros en dependencia de lo que puedan vender en los semáforos y aceras, por no hablar del mundo de personas en estado de adicción a drogas y alcohol, que viven en las calles de nuestras ciudades y que en los “bunker” desarrollan su sistema infrahumano de vida.


Muchas Personas de buena voluntad:

En mi contacto con las gentes y en mi condición de origen campesino, he podido observar un sustrato del pueblo con muchos valores: honradez, honestidad, disposición al trabajo, gente de fe y de esperanza que con su esfuerzo logra llevar el sustento diario a su familia, gente que cree en algo mejor cada día y que nos garantiza aún, un pueblo costarricense fortalecido, generoso y triunfador. Brilla en ellos su sentido profundo de solidaridad expresado especialmente en desastres naturales y vivido en el reciente incendio del Hospital Calderón Guardia en donde heroicamente las enfermeras Patricia Fallas, María Eugenia Díaz y Mayra Mercado entregaron su vida por salvar a sus hermanos

Conozco, también, muchas personas involucradas en la función pública profundamente creyentes, personas interesadas en el bien común y en el trabajo por los más pobres.


En ese sentido soy consciente de los esfuerzos que ha estado realizando el señor Presidente de la República por disminuir la pobreza. También quiero reconocer la decisión del Señor Presidente para erradicar el vicio de la corrupción pública y su actitud de defensa de la vida, garantizado por nuestra Carta Magna.

Por otra parte, he tenido contacto con gente de la Empresa Privada que, es honrada y trabajadora, que paga sus impuestos como debe ser y que piensa mucho en el bien común, ofreciendo sus posibilidades para que crezca el bienestar de sus trabajadores.

Son muchos los profesionales, intelectuales y personas particulares que están preocupados e involucrados positivamente en la situación que vive nuestro pueblo y que luchan desde su trabajo y desde su posición, por crear mejores condiciones para todos.

Observo, también, en algunos grupos y movimiento sociales, la buena intención de buscar lo mejor para la Patria. Aunque los medios por los cuales buscan ese bien común, no siempre los comparto, sé que hay un punto de comunión que nos une a todos: el bien del país.

Trabajo tesonero de la Iglesia:

Con entusiasmo y convicción, doy testimonio del trabajo tesonero de numerosos agentes de pastoral que en nuestras diócesis y parroquias crean mejores condiciones de vida para nuestro pueblo: proyectos a favor de familias necesitadas, así muchos miles reciben un diario quincenal o mensual por parte de la Iglesia para paliar un tanto su situación; grupos de laicos que, animados por sacerdotes, se esfuerzan por generar proyectos productivos en beneficio de muchos pobres y proyectos asistenciales a favor de niños y niñas, de adultos mayores que se reúnen en las parroquias para formarse, orar, y buscar un sentido de alegría a su vida, de personas indigentes en estado de adicción que encuentran posibilidades de recuperación y reinserción en la vida social.

En fin, son muchas las personas que encuentran su sustento y su modo de vida a través de la acción pastoral de la Iglesia, constituyéndose así, la Iglesia misma, en una gran fuente de empleo para muchos costarricenses que, de otro modo, no encontrarían el sustento para su propia familia.


Medios de comunicación:

La prensa, la radio y la televisión constituyen un nuevo mundo de la palabra y de la imagen en el que todos nos movemos y existimos. Los medios de masas posibilitan y fomentan el ejercicio de dos derechos humanos, considerados esenciales para la buena salud cívica, cultural y moral de los pueblos: la libertad de expresión y el derecho a la información.

Si hablamos del aspecto moral de los mismos, están destinados al servicio del ser humano. En este sentido, junto a los tres poderes clásicos, están llamados a ser, más que un cuarto poder, los pulmones del cuerpo social y la instancia crítica ante los abusos de los otros poderes.

No se puede negar la responsabilidad moral de sus dueños, gestores y comunicadores. Sería injusto la condenación global, pero también, la disculpa candorosa de la responsabilidad de los mismos. ¿Cómo negar la parte de culpa que el cine, la televisión, la radio y los quioscos de prensa y revistas tienen en la génesis de la cultura del vacío, el hedonismo, la violencia, el pansexualismo que asfixian a tanta gente?


El sensacionalismo, la hinchazón publicitaria, la unilateralidad, la superficialidad, enturbian la mente, atrofian los criterios y terminan conformando las conductas de lectores, radio escuchas y televidentes, por desgracia muchos jóvenes y niños. La misma prensa nos ha informado de niños que, víctimas de la pornografía, se han vuelto abusadores de otros niños.

Pero ¡Cuidado con el fariseismo! No se trata de señalar con el dedo acusador, no se trata de rasgarse las vestiduras. Se trata de que nosotros mismos no consumamos lo que acusamos de basura y pornografía. Se trata de corregir la permisividad culpable en lo que atañe a los programas y lecturas de los hijos pequeños y jóvenes.

Somos responsables, ante Dios y ante nuestra conciencia, si consumimos sin control esos productos que embotan progresivamente los criterios éticos, oscurecen las creencias religiosas y minan la salud moral.

Creo que urge, en esta materia, someternos a una dieta estricta. “la sociedad - dice el Catecismo de la Iglesia Católica- tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad y la justicia. Es preciso imponerse moderación y disciplina en el uso de los medios de comunicación social” (512).


Quiero hacer una invitación respetuosa a las empresas periodísticas y a sus trabajadores, muchos de ellos hoy presentes, para que ejerzan un periodismo comprometido con los grandes desafíos que como nación tenemos, que al margen de visiones parcializadas, dejen de enfatizar casi exclusivamente lo negativo de la sociedad y de la Iglesia, para convertirse ustedes en agentes de cambio social positivo,

Iglesia-Estado

Independencia no significa indiferencia. La Iglesia en ningún momento pretende someter a la sociedad civil bajo el control eclesial, únicamente quiere ofrecerle las riquezas, luces y orientaciones que nos vienen del Evangelio. Tenemos claro que los principios que deben regir las relaciones Iglesia-Estado son los de sana cooperación y mutua independencia.

La Iglesia no entra en partidismos, pero sí pide respeto a la conciencia de los católicos, que somos mayoría en el país, y ofrece su propio respeto a la conciencia de los demás.

Proyecto Político:

La fe cristiana reconoce el carácter central de la persona humana. Así es como, para juzgar la verdad de un proyecto político, los católicos tomamos como criterio si hay, en esa propuesta política, una concepción cristiana del hombre y de la historia.

A las puertas de una nueva campaña política, pedimos a los partidos políticos que nos presenten en primer lugar, un proyecto-país, con una verdadera proyección de futuro, pues, sin una mirada de horizonte amplio, corremos el peligro de seguir en la vacía letra de los discursos. Que nos ofrezcan, luego, un programa de partido acorde a ese proyecto-país. En el mismo debe delinearse claramente, la prioridad de la persona sobre las cosas, poniendo el bien común por encima de intereses individuales o de partido.

El Papa Juan Pablo II nos propuso el concepto de solidaridad como la categoría síntesis de toda la ética cristiana.

La ética no es un asunto privado, es un asunto público de primer orden. Por eso hablamos de ética política, de ética del desarrollo.

Solidaridad y justicia son las dos caras de una misma moneda.

La solidaridad desemboca en el compartir. Los bienes han de ser divididos y repartidos sin excluir a nadie, sin acaparar unos a costa de la privación de otros y sin introducir en la distribución medidas discriminatorias.

La justicia general tiene como objetivo el bien de la comunidad. Hoy justicia se entiende como igualdad de oportunidades.

No olvidemos: se trata de construir una democracia social, que permita la movilidad social ascendente, y el mejoramiento de la calidad de vida de los costarricenses.

La disyuntiva está en: continuar produciendo riqueza concentrada y pobreza estancada, o asumir una estrategia de desarrollo sostenible con rostro humano. La palabra la dejamos a los partidos políticos.

Quiero recordar que la abstención del voto no expresa la responsabilidad de un pueblo que ama la democracia.

La Asamblea Legislativa

La Asamblea Legislativa, ese recinto sagrado, creado para buscar el bien común y para crear las leyes que puedan regir con bien a nuestro pueblo, debe volver a ser el recinto de los Padres de la Patria. Lamentablemente ha sido carcomida por muchos intereses dispersos, dando al ciudadano una impresión de orfandad.


Unidad Nacional

Costa Rica vive un momento crucial. No es este un tiempo para pensar en los propios intereses. Las circunstancias nos obligan a buscar la UNIDAD Y LA COMUNIÓN nacional.

Como enseñaba el inolvidable Papa Juan XXIII, es más lo que nos une que lo que nos desune. Si fortalecemos lo que nos une, lo que nos desune se volverá a favor de todos. Es hora de caminar juntos, es hora de bajar la guardia en nuestras diferencias, es hora de pensar en el bien común, es hora de pensar en Costa Rica. Es hora de trabajar unidos: o nos unimos, o nos hundimos, porque todos vamos en la misma barca.
No basta con decir que somos una nación de paz. En este sentido las palabras de Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio son profundamente iluminadoras: “Combatir la miseria y luchar contra la injusticia es promover a la par que el mayor bienestar, el progreso humano y espiritual de todos, y, por consiguiente, el bien común de la humanidad. La paz no se reduce a una ausencia de guerra... La paz se construye día a día en la instauración de un orden querido por Dios, que lleva consigo una justicia más perfecta entre los hombres” (PP 76).

Hoy más que nunca, como familia costarricense, estamos llamados, en nuestra condición de discípulos de Cristo e hijos de María, a ser profetas de esperanza y defensores de la vida.

El Evangelio de hoy nos ha puesto, junto a María, delante de la cruz de Cristo. En esa cruz, el palo vertical une a Dios con el mundo, la tierra con el cielo, el hombre con Dios.

El brazo horizontal une a toda la humanidad, en un gesto de amor.

Así queda expresado y cumplido el gran mandamiento: “Amarás a tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo.”

Que María, “madre de los dolores”, y “consoladora de los afligidos”, nos ayude a vivir este mandamiento.

Entonces, tendremos vida, y vida en abundancia en Costa Rica.

¡Nuestra Señora de los Ángeles, Madre de la vida, ruega por nosotros!

 

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Sin TLC o con TLC: ¿País soberano o colonia?