Comunicación y TLC

Carlos Alvarado Quesada

Mayo 2004

“Un enunciado no es verdadero porque corresponda a un determinado estado de cosas ni simplemente porque resulte coherente con otros enunciados; lo es porque a lo largo del proceso comunicativo sería aceptado como justificado bajo determinadas condiciones ideales.”

La abstracción anterior cobra sentido si la confrontamos con nuestra realidad política. Hablemos del Tratado de Libre Comercio (TLC) como ejemplo emblemático. Así como se asume por fe que la Tierra es redonda y no plana , el discurso de los beneficios o perjuicios de del TLC es algo que una mayoría de la ciudadanía asumirá por fe, por el criterio de aceptabilidad de los razonamientos, y no por los razonamientos mismos.
La comunicación más que estar sujeta a la validez de una competencia entre razonamientos, unos más verdaderos que otros, es una competencia entre juegos de lenguaje donde prevalece la aceptabilidad de los enunciados.
A la luz de lo anterior podemos ver cómo la estrategia desde COMEX y el Gobierno ha sido darle validez y aceptabilidad al TLC. Es más, parte del discurso con el cual validan el TLC es el proceso de consulta social y la apertura en cuanto a información y debate por parte del Ejecutivo; hechos que más allá de que sean ciertos o no, se exponen como ciertos.
Por otra parte, se ha querido dar la apariencia de que son las manifestaciones con banderas y marchas las que representan la oposición al TLC. Esta fragmentación, es algo que desvirtúa el discurso, las marchas en esta coyuntura no resultan enunciados aceptables para una ciudadanía, especialmente si no vienen acompañadas de un debate hombro con hombro.
De ahí surgen dos puntos importantes. Primero, un discurso de oposición a este TLC y su posterior renegociación, pasa por la elaboración de un discurso aceptable para la ciudadanía que compita en igualdad de condiciones con la alocución hasta ahora hegemónico.
En otras palabras. Que deje de ser la visión de la gente de corbata que sabe y desde arriba dice qué hacer contra los manifestantes inconformes y defensores de intereses; y se convierta en un debate entre iguales que proponen razones de mismo peso.
El segundo punto se deriva del primero y tiene que ver con una postura ética. Hemos dicho que para que prevalezca la postura que se defiende y entre a competir en igualdad de condiciones, es necesario que el discurso (como acción y alocución) sea aceptado como el justificado. Esto pasa por lograr una concordancia entre las posturas y su presentación, para hacerlas aceptables y competitivas y a fin de cuentas no desvirtuar el objetivo. Hablamos de entrar en una competencia en comunicación.
Un ejemplo de lo anterior es el documento generado por ANEP, con el aval de varios políticos que se oponen al TLC. Es una afirmación que se compite legítimamente con el discurso hegemónico (estudio empírico que rebate con argumentos y cifras, respaldo de figuras importantes) y logra posicionamiento.

Un elemento de competencia
Brevemente expondremos a partir de un artículo de Humberto Eco , una de las limitantes a las que está sujeto el discurso “alternativo”.
“El problema es que se puede instaurar un régimen mediático en positivo, con la apariencia de decirlo todo. Basta saber cómo decirlo…La televisión de un régimen mediático usa en cambio ese artificio retórico que se llama "concesión". Pongamos un ejemplo. Acerca de la conveniencia de tener un perro hay aproximadamente cincuenta razones a favor y cincuenta razones en contra. Las razones a favor son que el perro es el mejor amigo del hombre, que puede ladrar si entran ladrones, que es adorado por los niños, etcétera.”
“Las razones en contra son que hay que sacarlo cada día para que haga sus necesidades, que nos cuesta en alimentos y veterinario, que es difícil llevárselo de viaje y otras cosas. Admitiendo que queramos hablar a favor de los perros, el artificio de la concesión podría ser así: "Es cierto que los perros cuestan, que representan una esclavitud, que no se les puede llevar de viaje" "pero es necesario recordar que son una estupenda compañía, que los niños los adoran, que se muestran vigilantes contra los ladrones, etcétera". Ésta sería una argumentación persuasiva a favor de los perros.
Contra los perros podría concederse que es cierto que los perros son una compañía deliciosa, que son adorados por los niños, que nos defienden de los ladrones, pero a continuación seguiría la argumentación opuesta: que, sin embargo, los perros representan una esclavitud, una fuente de gastos, un engorro para los viajes, y ésta sería una argumentación persuasiva en contra de los perros.”

La siguiente es la explicación de Eco:

“La televisión actúa de esta forma. Si se discute la ley tal de cual, se enuncia ésta en primer lugar, después se da la palabra de inmediato a la oposición, con todas sus argumentaciones. A continuación aparecen los partidarios del Gobierno que objetan las objeciones. El resultado persuasivo se da por descontado: tiene razón quien habla el último. Si se siguen con atención todos los telediarios, podrá verse que la estrategia es esa: en ningún caso tras la enunciación del proyecto aparecen primero los partidarios del Gobierno y después las objeciones de la oposición.

Lo anterior se da en los distintos medios de comunicación, y muchas veces los comunicadores no tienen conciencia del fenómeno pues es algo ya tan cotidiano que se hace con toda naturalidad.
Contra esto no hay respuestas claras, pues a fin de cuantas quien edita es quien tiene el poder de darle sentido a las cosas. Sin embargo, las soluciones partes del reconocimiento de hechos como el antes descrito.

Cordialmente,

Carlos Alvarado Quesada
Periodista
Egresado Maestría Ciencias Políticas
falvarado@racsa.co.cr

 

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