Abrir las telecomunicaciones
¿Cuál es el beneficio para Costa Rica?
Gilberto Lopes
Consejo de Defensa de la Institucionalidad (CDI)
11 de noviembre de 2003
Una ofensiva sobre el mercado nacional de las telecomunicaciones se
ha desatado nuevamente. Las negociaciones del tratado de libre
comercio con los Estados Unidos son el marco en el que se produce,
otra vez, el debate sobre los monopolios estatales en
telecomunicaciones y seguros. Mercados nada despreciables, aunque
sean solo una gota en el millón de millones de dólares
que mueven hoy
anualmente las telecomunicaciones.
Aquí, solo la telefonía celular mueve 300 millones de
dólares al año,
sin contar Internet y las líneas dedicadas, que utilizan las
grandes
empresas para sus comunicaciones con sus casas matriz.
Competencia necesaria
Necesitamos competencia para progresar, afirman quienes abogan por
la
apertura de los servicios y critican el actual estado de las
telecomunicaciones en el país. De otro modo -aseguran- no podremos
atender la demanda, ni enfrentar el desafío de competitividad
a que
el comercio internacional obliga.
Tienen razón los que argumentan en favor de la competencia.
Pero no
es un argumento sencillo pues, aunque parezca lo contrario, la
apertura de las telecomunicaciones, o de los seguros, nos puede
llevar a situaciones muy alejadas de los beneficios de la
competencia, como ha pasado en casi todos los países de América
Latina que han seguido ese camino.
En los países centroamericanos, la apertura ha acabado con las
empresas públicas. En Nicaragua, Bell South controla de manera
monopólica el mercado, con consecuencias nefastas sobre los precios;
en El Salvador, la presencia de más de un operador no ha impedido
tampoco un aumento desmedido de esos precios. En la cobertura de
líneas telefónicas fijas, los países centroamericanos
están muy atrás
de Costa Rica. El Salvador, con 9,3 líneas por cada 100 habitantes,
es el que más se acerca a nuestro país, que cuenta con
33.
La situación es parecida en celulares. Con poco más de
13 líneas por
cada 100 habitantes, El Salvador y Guatemala son los que más
se
acercan a Costa Rica, que contaba con 21 líneas por cada 100
habitantes. Los datos son de la Unión Internacional de
Telecomunicaciones (UIT), para el año 2002. En esta materia,
Panamá
tiene cifras ligeramente inferiores a las de Costa Rica, pero, en
telefonía fija, está también muy por debajo.
Esto, naturalmente, indica solo el punto de partida, la situación
actual, en un mercado que atraviesa por un momento particularmente
dinámico. O sea, cambia todos los días.
¿Qué debemos hacer?
Esto nos obliga a pensar en el futuro, a tomar decisiones
estratégicas. Quizás la más importante es la de
decidir si vamos a
continuar desarrollando por nuestra cuenta las telecomunicaciones, o
si vamos a abrir nuestro mercado a las transnacionales.
¿Qué ganaríamos con eso, si lo hiciéramos?
Las cifras actuales muestran que el ICE ha sido capaz de ofrecernos
un servicio competitivo, tanto en energía como en telecomunicaciones.
Para eso cuenta con un equipo profesional altamente capacitado, y con
una infraestructura envidiable, que incluye la participación
en
satélites de telecomunicaciones y en un cable de fibra óptica
para
servicios internacionales, así como una vasta infraestructura
instalada en todo el país. Además, con una empresa financieramente
sólida y con amplia experiencia de servicio.
Desde el punto de vista técnico, no hay problema alguno para
que el
ICE incursione en las áreas más modernas de las telecomunicaciones.
Por el contrario, el desafío es precisamente hacerlo, de modo
que
podamos asegurar, en Costa Rica, un puesto de trabajo de primera
línea a nuestros ingenieros y técnicos. Esa es la única
forma de
desarrollar una nación. La apertura reduciría esa posibilidad
y nos
dejaría como muchos otros países en desarrollo: minusválidos
en
cuanto a recursos humanos en áreas fundamentales para el desarrollo.
Si en materia de capacidad técnica no hay razón alguna
para entregar
las telecomunicaciones a las empresas transnacionales, del punto de
vista económico tampoco hay beneficios.
Los países desarrollados lo son precisamente porque sus empresas
están presentes en todo el mundo, porque han amasado enormes
capitales que les permite controlar los mercados. El de las
telecomunicaciones es uno de los más modernos y prometedores.
En el
país, supera ya, seguramente, los 400 millones de dólares
anuales.
Ese mercado es fundamental para nuestro desarrollo: para formar
nuestros ingenieros y técnicos, pero también para asegurar
al estado
costarricense los ingresos indispensables para financiar nuestras
obras de infraestructura: colegios, hospitales, carreteras, puertos,
etc.
Una mirada al mundo moderno nos indica que es precisamente el control
de los negocios lo que hace ricas a las empresas. No se trata de
ejercer control sobre la infraestructura y cobrar cánones para
que
otros hagan el negocio. Se trata de ser dueños de la infraestructura,
pero de hacer nosotros el negocio, porque eso es lo que conviene al
país: que ese dinero se quede en Costa Rica, que desarrolle nuestras
capacidades y cubra nuestras necesidades.
Y algo más: es la respuesta a ese desafío, a crear, a
incursionar en
las tecnologías modernas, a competir con los grandes, lo que
construye la nacionalidad. Quizás logren abrir las
telecomunicaciones, pero, pregunto; ¿habrá un sólo
costarricense que
salga a las calles a celebrarlo? Lo que entusiasma al país es
el
desafío y la lucha, el sentirnos capaces; y no el estar oyendo,
un
día sí y otro también, que no podemos, que no somos
capaces. La
historia ya ha demostrado que eso no es así.
La riqueza de los pueblos no está en la propiedad de los recursos
naturales, sino en su capacidad de explotarlos en su propio
beneficio. Ese es el desafío de la modernidad. Por eso Estados
Unidos
nos exige abrir las áreas más rentables de las telecomunicaciones
a
sus empresas: la telefonía móvil (celulares), las líneas
dedicadas, e
Internet. Y nosotros, ¿por qué habríamos de entregarles
esos
negocios, y contentarnos con que nos paguen algo por la
infraestructura que hemos desarrollado? ¿Qué sentido tiene
esa
propuesta? ¿Qué ganaría el país abriendo
las telecomunicaciones?
Hay que decir algo más. Abogan por la competencia y alegan que
traería beneficios. Pero hay que analizar la realidad, lo que
ocurre
alrededor nuestro. Vean las tarifas: Venezuela, por ejemplo, tiene
una cobertura celular un poco mayor que la nuestra (26 a 21 líneas
por cada 100 habitantes). La Bell South, una de las concesionarias en
ese país, anuncia en televisión sus tarifas celulares
"reducidas": 15
mil bolívares (unos 9,50 dólares) por mes, con derecho
a mil segundos
gratis (16 minutos) para comunicarse con líneas de la misma compañía,
y 100 segundos con líneas de otras compañías. En
Costa Rica, la
tarifa básica es de unos 7,50 dólares, con 60 minutos
libres.
El Salvador es señalado como ejemplo de "competitividad"
por
organismos que se dedican a medirla. Han privatizado las
telecomunicaciones y hace unos días pudimos leer en un diario
nacional lo siguiente: "En la campaña de privatización,
dijeron que
iban a abaratar las tarifas y las aumentaron 1.300% (sí, mil
trescientos por ciento), vendieron edificios, plantas, oficinas,
agencias y controlaron más del cincuenta por ciento de las
telecomunicaciones".
¿Qué competencia va a haber en esta materia, en países
que, como el
nuestro, del punto de vista de mercado son apenas como un barrio de
cualquiera gran ciudad del mundo? Ya lo hemos visto aquí, con
los
servicios de televisión e Internet por cable: las dos operadoras
que
hay se dividieron el mercado y fijaron las tarifas.
¿Donde está entonces la competencia?
De todos modos, estamos enfrentados al desafío de la competencia.
Es
la forma como la humanidad se ha desarrollado. Pero, tal como hemos
venido señalando, la eventual apertura de sectores como las
telecomunicaciones vendría a echar por tierra toda posible
competencia. Sacaría al ICE del negocio, lo pondría en
manos de las
transnacionales y nos obligaría, como en el pasado, a reiniciar
la
lucha contra la Bond and Share (que tenía a oscuras el país
en los
años 40) o Millicon, que fue incapaz de desarrollar un servicio
celular para el país.
Costa Rica compite todos los días; nuestros empresarios, nuestros
trabajadores, viven vinculados al mercado mundial. Nuestras empresas
públicas son parte de esa competencia, tienen que estar a la
altura
de las exigencias de ese mercado. Pero también lo tiene que estar
el
país, con niveles razonables de servicio públicos, de
seguridad
social, o sea, con empresas productivas propias, nacionales, que
produzcan lo que necesitamos y generen los recursos para comprar lo
que nos falta.
Esa es la competencia que debe enfrentar el ICE. Es en manos
nuestras -el ICE y los negocios de telecomunicaciones-, como podremos
desarrollarnos, como podremos crecer como país, despertar orgullo
entre los nuestros por ser capaces de hacer lo que hacemos; ser
capaces de desarrollar empresas, formar ingenieros, hacer grandes
proyectos, dar servicios competitivos a todos los clientes.
Ese es el desafío al que no hay que tenerle miedo. Es hora de
cambiar
esa vieja mentalidad, de insistir en que no podemos. No somos ciegos,
ni cojos, ni tontos. El desafío es ser capaces de competir. Eso
solo
será posible con empresas como el ICE, el INS, en nuestras manos,
en
manos de quienes no tengan miedo de competir, ni quieran convencernos
de que no podemos.
11 de noviembre de 2003
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