Por la paz social, la solidaridad y la
soberanía de Costa Rica
Un mensaje a la conciencia de la ciudadanía
Luis Alberto Monge Álvarez
20 de octubre del 2005
La amistad de los pueblos de Costa Rica y Estados Unidos está
por encima de vicisitudes y desencuentros. Las democracias de Juan Rafael
Mora y Abraham Lincoln han cooperado en la promoción de la libertad,
la justicia y la paz. El respeto más estricto al proceso democrático
interno de cada una de nuestras dos naciones, fortalece las relaciones
entre ambos estados. Así fue ayer, así es hoy y queremos
que así sea en el futuro.
Costa Rica es un país abierto desde siempre al mundo. La apertura
del comercio del café con Inglaterra transformó en 50
años a la más pobre colonia hispana en una república
próspera. La apertura al Mercado Común Centroamericano
dinamizó la economía y produjo bienestar. El comercio
justo, que beneficia a personas y a comunidades, es altamente deseable.
El tratado comercial suscrito con Estados Unidos es inconveniente para
Costa Rica. El decoro de la patria y la soberanía nacional menguan
en vez de enaltecerse. Las potestades constitucionales y legales se
constriñen en lugar de defenderse. La desmilitarización
voluntaria y la neutralidad perpetua quedan en entredicho por el estímulo
al comercio de armamentos. Nuestro régimen institucional —ICE,
INS, Seguro Social, etc.— se menoscaba y los principios de solidaridad
y universalidad se debilitan. La inequidad es evidente pues allá
prevalecen las leyes locales sobre el tratado, pero aquí el tratado
imperaría sobre las leyes nacionales. De llegar a ratificarse,
sería una camisa de fuerza ideológica que impide la libertad
de escoger nuestro propio camino al desarrollo.
Las universidades públicas y el programa sobre el Estado de la
Nación han editado valiosos estudios que señalan los aspectos
positivos y negativos del tratado. Esas publicaciones académicas
apuntan numerosas deficiencias contrarias al interés nacional.
Queda claro que Costa Rica da mucho más de lo que recibe, hasta
su propio modo de vida.
La Comisión de los Notables advirtió que la propaganda
de los favorecedores del tratado no ha logrado generar un acuerdo nacional
suficiente para viabilizarlo, más bien puede haber contribuido
a una polarización peligrosa. Esta es una comprobación
de hecho sobre la división de la familia costarricense en momentos
que se requiere una visión nacional estratégica para reemprender
el camino al desarrollo económico con justicia social. El aumento
de la miseria y de la pobreza, junto con el desmejoramiento de la calidad
de vida de la clase trabajadora y la clase media, reclaman con urgencia
un proyecto de futuro compartido.
Los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe siguen vigentes
por ley de Estados Unidos. Hay tiempo para alcanzar una solución
acorde con los mejores intereses de ambas democracias. Esa solución
debe reconocer nuestras particularidades en el desarrollo, la civilización
y la cultura, las cuales distinguen a Costa Rica de países vecinos.
1. Sugerimos que las universidades públicas pongan en marcha
un mecanismo para consensuar una visión estratégica de
país, centrada en el desarrollo de la persona humana.
2. Solicitamos al señor Presidente de la República retirar
la firma de Costa Rica del texto negociado y, en el mismo acto, proponer
a Estados Unidos la negociación de un acuerdo comercial adecuado
a nuestras dos naciones, tal y como Estados Unidos negocia bilateralmente
con Panamá, o, mejor aún, de manera multilateral en el
Área de Libre Comercio de las Américas. Ha de ser “una
negociación de Estado”, que tome en cuenta de manera transparente
a cada sector afectado.
La paz social y la solidaridad con los compatriotas desfavorecidos,
demandan desprendimiento y prudencia de todos los actores sociales y
económicos. Más allá de vanidades individuales,
ideologías políticas, grupos partidarios o intereses particulares,
está Costa Rica.
Firmamos, a título personal, en San José el 20 de octubre
de 2005.
Luis Alberto Monge Alvarez
Ex-presidente de Costa Rica
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