Maravillas del TLC

Freddy Pacheco

Junio 2004

Jamás nos hubiéramos imaginado que junto a la amenaza del TLC surgiera a su vez un interés general inusitado por los derechos soberanos de Costa Rica en el mar. Y es que resulta paradójico que gracias a un tratado de "libre" comercio como el que se está usando para mutar la base estructural del Estado costarricense, resurja de las entrañas del pueblo, una genuina y amplia preocupación por el suelo patrio, tanto en su parte continental como en su patrimonio marítimo.

Para los que por unos 26 años hemos dado seguimiento a las acciones incompetentes de una mediocre Cancillería, siempre dispuesta a arrodillarse ante las propuestas de convenios de delimitación marina que se le han presentado desde entonces, no deja de ser muy satisfactorio ver como, ¡al fin!, más y más personas muestran su desazón por las consecuencias negativas que pudiere tener, para los costarricenses, un tratado (en este caso comercial) que tiene una definición de territorio que podría cercenar o erosionar la soberanía nacional.

Hace tan solo unas semanas, al declararse incompetente la Sala Constitucional para determinar si la roca de Malpelo (sin derecho a 200 millas de zona económica exclusiva) tenía o no características de isla (con sus consecuentes derechos) provocó la pérdida para Costa Rica de un territorio marítimo del tamaño de Guanacaste y la renuncia a derechos en una porción de la altamar de unos 125.000 km2. ¡Y pocos se dieron por enterados!

Un tratado de delimitación marítima con Colombia, suscrito por don Gonzalo Facio en 1977, entre la provincia de Limón y la isla de San Andrés, nos arrebataría (de aprobarse) al menos 30.000 km2 de mar. ¡Y pocos se dan por enterados!

Otro tratado suscrito con Ecuador, lleva implícita la renuncia a la libre navegación en unos 700.000 km2 de la zona económica exclusiva ecuatoriana, en vista de que el país suramericano reclama para sí (en contra de lo dispuesto en el derecho internacional) un mar territorial de hasta 200 millas de ancho. De aprobarse, estaríamos incumpliendo las prerrogativas inherentes a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la Convención de Viena sobre el Derecho de Tratados y la Constitución Política de Costa Rica. ¡Y también pocos se dan por enterados!

Asimismo, como muestra de la irresponsabilidad imperante, todavía no tenemos delimitadas nuestras áreas marinas con Nicaragua, ni en el Caribe ni en el Pacífico, pese a los conflictos que se han presentado con los intereses de explotación petrolera promovidos por ambos países vecinos. ¿Y quién parece interesarse?

La delimitación marítima aprobada con la vecina Panamá, es muestra también del desdén e impericia conque "adornan" su acción los inquilinos de la Casa Amarilla, al no haber querido siquiera aparentar independencia de criterio y originalidad presentando una posición algo diferente, al menos, de la posición impuesta por los negociadores colombianos.

En fin, nos parece muy bien que ante la forma sospechosa y secreta en que se manejó lo referente al TLC, algunos costarricenses exijan mayor claridad en el texto en cuanto al significado de "territorio" a efecto de que no se afecten nuestros derechos soberanos. Asimismo, que se aclare el alcance de la expresión "cualquier zona que se encuentre más allá de los mares territoriales de Estados Unidos", cuando se trata de la definición de territorio de los norteamericanos. No vaya a ser que se les ocurra extenderse hasta el muelle de Puntarenas. Tal celo ha de ser bienvenido. Pero (y he aquí un gran pero) ojalá que no se trate de una preocupación coyuntural, pasajera, aislada, pues no solo son grandes las amenazas, sino que también han sido grandes los perjuicios, que caracterizan las acciones pasadas y presentes relacionadas sobre soberanía marítima costarricense.

Por eso, celebramos el hecho de que el TLC hubiera hecho el milagro de hacer despertar a los costarricenses en cuanto a este importante tema. ¡Qué maravilla!

 

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Sin TLC o con TLC: ¿País soberano o colonia?