Recado a los MaestrosEugenio Rodríguez Vega*Agosto del 2005 En la definición de todas estas cosas, han estado siempre en primera fila los maestros costarricenses, de Brenes Mesén a Omar Dengo, de García Flamenco a Emma Gamboa. En este agosto del 2005, yo quiero unir mi voz a las voces de dos maestras costarricenses, Hilda Chen Apuy y María Eugenia Dengo, a las que la vida y los años me han hecho respetar y querer. En la larga lucha por la afirmación de las mejores virtudes costarricenses, muchas ideas e instituciones han ido cristalizando: quiero citar sólo tres de ellas, que ahora son para muchos apenas instituciones burocráticas: el Instituto Nacional de Seguros (1924), la Caja Costarricense de Seguro Social (1941-1943) y el Instituto Costarricense de Electricidad (1949). El Tratado de Libre Comercio propone modificarlas para que se adapten a las nuevas circunstancias y a los viejos intereses, según las poderosas conveniencias de grandes grupos internacionales. Y aunque es cierto que estas instituciones deben modernizarse para hacer frente con éxito al mundo complejo de la inevitable globalización, deben hacerlo a nuestro ritmo, de acuerdo con nuestros intereses y con respeto profundo a los ideales que las hicieron posibles. Los maestros de antes y de ahora, son una fuerza limpia
y poderosa, que deben ser responsables de lo que significan y de la
herencia admirable de que son portadores; estoy seguro de que libremente,
sin ser instrumento dócil de ningún partidarismo, sabrán
cumplir ahora con los deberes sagrados que han sabido defender los maestros
costarricenses de todos los tiempos. |