Rodrigo Carazo enjuicia los TLCEl tiburón se está comiendo a la sardinaAndrés Mora Ramírezhttp://www.cyberprensa.comNoviembre del 2003 Los funcionarios se sienten autorizados para negociar en nombre de todos. Esto es una enfermedad continental, muchos ministros se atribuyen facultades para vender sus países sin preguntarle a nadie, declara el expresidente Carazo.
Justicia, transparencia y verdadera representatividad de los intereses y preocupaciones de los pueblos centroamericanos: esto es lo que exige Rodrigo Carazo Odio, expresidente de la República (1978-1982), a los ministros y funcionarios encargados de negociar la integración de Centroamérica a un eventual mercado libre con los Estados Unidos. Preocupado por la desinformación de la ciudadanía sobre los alcances y consecuencias del tratado, sobre todo ante la evidencia de las nefastas experiencias de países como México, donde sus pequeños y medianos productores se encuentran hoy en peligro de extinción, Carazo ha levantado sus voz, con una valentía que se extraña en otras figuras y partidos políticos del país, para ejercer lo que siente como un deber. Ha reinado el secretismo en las negociaciones de los TLC, y lo que ahora creo mi deber es evitar que haya secretismo en la negociación de Costa Rica con Estados Unidos. Ojalá que los medios nos permitan opinar, que los funcionarios públicos le permitan a los costarricenses decir lo que piensan. Porque las caras llenas de alegría de los funcionarios, que nos dicen que de aquí vamos directamente impulsados para el cielo, sabemos, no son ciertas. En esta entrevista con Qué, Carazo, el más impopular de los presidentes de Costa Rica por ser el único que despidió, en 1980, con un portazo en la nariz a los funcionarios del Fondo Monetario que le exigían cerrar escuelas y colegios -¡cómo si fuera más importante la salud del dinero!- y traicionar así la vocación social del Estado, expuso sus criterios sobre el libre comercio en situaciones de desigualdad y el papel de los TLC en el proceso de globalización. Por la integración de los pueblos Creo en la integración, pero con justicia permanente. Mi posición no es contraria a que los pueblos trabajen juntos, afirma Carazo. Y de inmediato explica que no desea que se repita en nuestras tierras aquel viejo cuento del indio que llevaba su burro cargado de mercancías y llegaba a una frontera, donde le decían: pasa la mercancía (y en ocasiones también dejaban pasar al burro), pero usted no. Es decir, simple integración de mercancías. Más allá de las posibilidades de mejorar el intercambio comercial con el país que compra la mayoría de nuestros productos, ¿cuáles son los peligros o las implicaciones del TLC para Costa Rica? No hay negocio más malo que aquel en el cual una de las partes ignora lo que pasa, y en este caso, de todo lo que significa el libre comercio y los tratados que tienden al ALCA, lo más grave que ocurre es que los países no saben lo que pasa. Los ciudadanos de los países ignoran qué es lo que se juega, y los negociadores no representan a los pueblos. Además, yo siempre digo que nunca he visto a un rico proponiéndole un negocio bueno a un pobre... pero bueno para el pobre. ¿En verdad cree que el desconocimiento sea tan grande en nuestro país? Los costarricenses no saben absolutamente nada de los TLC. Hace unos días me decía un ciudadano: ¡Ah, es que hay que estar de acuerdo con el tratado de libre comercio, porque una vez que se firme no necesitaremos visa para ir a los Estados Unidos. ¡Fíjese qué grado de ignorancia! En Costa Rica, si un ciudadano quiere una visa para los Estados Unidos, debe pagar $100 para que le entreguen apenas un f-o-r-m-u-l-a-r-i-o. En cambio, si un norteamericano viene aquí, le damos la visa, ¡como una muestra de país civilizado! -y esboza una sonrisa cargada de ironía-. Eso no es integración, sino una fórmula dispar de relaciones. Dudas sobre negociadores Sin vacilaciones, Carazo manifiesta sus dudas sobre los funcionarios que asistirán, en los próximos meses, a las rondas de negociación. Yo les niego a los negociadores que conozco hasta el momento, la capacidad de discutir en nombre de nuestros países. Nadie puede defender a un cliente al que no escucha. No creo que exista un abogado capaz de hacerlo. En los TLC que se han firmado en la región hasta ahora, la característica ha sido la absoluta ausencia de la comunidad. Los funcionarios se sienten autorizados para negociar en nombre de todos. Esto es una enfermedad continental, muchos ministros se atribuyen facultades para vender sus países sin preguntarle a nadie. Le niego autorización para negociar, inclusive, al gobierno de la República. Les niego a los gobiernos la capacidad de discutir en representación de nuestros pueblos, si antes no han realizado consultas. Pero las autoridades del Ministerio de Comercio Exterior sostienen que ellos han realizado consultas, a través de una página en Internet y algunos talleres de discusión. ¿No basta con esto? Por supuesto que no. El porcentaje de personas que recurren a estos sistemas electrónicos es muy limitado, y los otros reclaman mucho tiempo para participar en ellos. En un momento en que los ciudadanos tienen que participar en actividades económicas que les reclaman casi todo su tiempo, porque la situación es muy difícil, resulta prácticamente imposible pretender que se mantenga una correspondencia formal entre las autoridades y la comunidad, sobre todo porque no hay ninguna seguridad de que lo que uno escriba se lo vayan a leer, a lo mejor lo tiran al cajón de la basura, como ha ocurrido con tantas cosas a lo largo de los años. ¿Cree que sea correcto que se consulte sólo a los empresarios y se deje por fuera a la fuerza laboral, a los trabajadores que, al fin y al cabo, generan la riqueza? Claro que no, lo que pasa es que aún a los empresarios organizados en la Cámaras los dejaron por fuera. Lo mismo pasó en México, con el resultado de que, en ocho años, han desaparecido más de un millón cien mil pequeñas y medianas empresas, a las que nunca se les consultó nada para entrar al TLC. La prensa informa que 25 mil comunidades mexicanas se están organizando para pelear, ahora, contra el TLC, contra lo que hicieron en nombre de ellas. A lo largo de los 8 años del tratado, se ha producido ese terrible fenómeno de desocupación, lo que sucede es que recién ahora se dan cuenta de que no tienen salida. Y lo más grave es que el presidente mexicano, Vicente Fox, ha dicho que va a negociar. ¡No, no, no! En el libre comercio no hay marcha atrás. Quizá logre una posposición provisional, pero nunca la salida de México del tratado para entrar, luego, en condiciones normales. Confianza en Pacheco... nada más Pese a sus discrepancias con el equipo negociador de Costa Rica, desde la semana anterior Carazo ha mantenido una constante comunicación con el presidente Abel Pacheco (la correspondencia se incluye al final de la entrevista). Hay que hablar en serio y con responsabilidad. Por eso nos complació mucho que el presidente de la República respondiera la carta que una serie de organizaciones le dirigimos. En ella dice que ninguna negociación que atente contra la ecología, la justicia social, los derechos laborales, los grupos culturales minoritarios, tendrá el apoyo de este gobierno. Eso nos dice el presidente, y le hemos contestado respaldando sus palabras, porque es lo mismo que queremos: que no se muera de hambre el pueblo pobre por favorecer a los grandes empresarios extranjeros, porque los de aquí, comparados con ellos, también son pequeños. ¿Pero esas palabras del Presidente entran en contradicción con la forma en que actúan los negociadores? Existe una total contradicción. Es decir, usted tiene confianza, pero solo en el Presidente... A nosotros no nos corresponde negociar, pero sí deseamos debatir con los encargados, para que se cumplan los altos fines que el presidente Pacheco se comprometió a respaldar, en respuesta a una carta que le dirigí y que también me expresó, gentilmente, en una llamada telefónica. A mí me gusta mucho la carta de don Abel, porque lo veo con la entereza de no entregarse fácilmente, sino que quiere defender los derechos de los costarricenses. Y lo apoyo. Pero de la misma forma, yo, a aquellos que nos quieren entregar, los desprecio, y tengo derecho de hacerlo. Las generaciones pasan, dentro de poco moriremos y nadie pensará en lo que hicimos, pero si mientras estamos vivos aflojamos, le aseguro que cometemos un pecado capital: el pecado de olvidar los derechos de aquellos que se dejan sorprender por el engaño. Pero, ¿será posible mantener bajo control del Estado las empresas de servicios públicos cuando se negocie con los Estados Unidos y el resto de Centroamérica? Yo pregunto: ¿por qué para negociar con los nicaragüenses en materia de telecomunicaciones, los socios del ICE deben ser extranjeros? ¿Por qué no hacerlo nosotros? ¿Por qué nos niegan la posibilidad de que nuestras empresas públicas compitan con las privadas de la región? ¿Por qué tenemos que aceptar que otros se las lleven y hagan con ellas lo que les venga en gana? Acabo de estar en Washington y llamé a una nieta que vive en los Estados Unidos, y resulta que me costó $42 hablar por teléfono. El lugar de donde llamé era privado, lo mismo el teléfono que usé y en el que me contestó mi nieta. Y no hablé todo el día, solo unos pocos minutos. ¡Pero todavía en Costa Rica hay quienes quieren que se privatice la telefonía! Esto no se lo dicen a nadie aquí. Pero pensando en esa figura que llaman competencia desleal, ¿cómo podríamos defender nuestras empresas públicas cuando en el resto de la región ya pasaron a manos privadas? Precisamente dándole el justo lugar al hecho de que podemos competir con ellas en mejores condiciones. Las tarifas que nuestras empresas le cobran a los costarricenses son más baratas que el monto que las empresas privadas les cobran a sus consumidores. Esto es lo que hay que analizar en los próximos meses, para que todos los ciudadanos se den cuenta de que, cuando se entrega la cocina, se come lo que quiera el nuevo dueño. Y el que entregó la cocina solo puede comer lo que le den, y los pueblos, así, no son ni libres ni democráticos, porque no mandan y no logran superar sus problemas. La apertura comercial en el marco de la globalización El expresidente Carazo asegura que, pese a algunos espejismos que disfrazan la realidad a partir de las estadísticas macroeconómicas, la apertura comercial termina por convertirse en una gran decepción para las pequeñas economías. Los acuerdos de libre comercio significan la posibilidad de echar a competir un pueblo pobre con uno poderoso. Significan la ilusión de que vendrá inversión extranjera, pero ya sabemos que este tipo de inversionistas vienen y se van. Todas las grandes plantas son como las maquilas, que se pueden desarmar con un desatornillador, y que inclusive producen tantas ganancias en el corto plazo, que cuando se marchan pueden abandonar algunos bienes por ahí, y generalmente, no pagan las prestaciones laborales a sus empleados. Nosotros tenemos que defendernos. Y si usted me pregunta por una concepción más amplia de las negociaciones, yo le digo que lo más amplio es saber que el tiburón se está comiendo a la sardina. ¿Se puede hablar de un debilitamiento de las ya de por sí frágiles democracias latinoamericanas, a partir de los TLC? Sí, cuando se entrega el poder a las transnacionales desaparece la voluntad popular, por completo, porque el que manda es el que tiene el poder, y este, traducido como el manejo del dinero, confiere una potestad de que no gozan los pueblos. ¿A qué atribuye usted esa especie de sumisión de los gobernantes y de las instancias de decisión en este proceso de globalización? ¡A la corrupción! El corrupto no es solo el que recibe dinero, también el que se entrega. La corrupción es olvidarse de la responsabilidad que tiene cada uno ante los demás. Una voz de alerta desde la historia Usted experimentó, en 1980, una situación en la que el Fondo Monetario Internacional intentó obligarle a que cerrara escuelas y hospitales para reducir la inversión pública y aliviar la situación fiscal (como los discursos que propalan ahora desde el Ministerio de Hacienda y el Consejo Económico del gobierno), algo que iba en contra de su proyecto... ¡Y de Costa Rica! Sí, pero hay quienes piensan que la oposición a la apertura comercial ahora, podría generar una crisis de consecuencias similares a la de esa época ¡Es que nadie conoce las verdaderas consecuencias de aquella oposición! Hoy tenemos ICE propio porque se actuó de aquella manera y tenemos seguro social dando servicios (no como en El Salvador, que ya se entregó a la inexorable privatización). Hoy estamos mejor que todos los demás países de Centroamérica porque en el año 1980 no nos entregamos. Yo pagué ese precio y lo hice con gusto, a pesar de lo que decía la prensa y los grupos interesados. Las consecuencias que ellos dicen que se pagaron fueron las de la dignidad, esa es la realidad. ¿Aunque algunos insistan, 22 años después, en que fue dignidad con hambre? Es que no hubo hambre, sino dignidad con supervivencia. En otros países hay más hambre, vea el caso de Argentina, que era el granero del mundo, o lo que quiere hacer Lula da Silva en Brasil: rescatar a su país. Veamos, incluso, la pobreza que ha aparecido en los Estados Unidos, porque esto no se trata de una disputa entre países. Las empresas se han hecho dueñas de los políticos y los políticos representan a las empresas, en lugar de defender a los pueblos. ¿Cree que exista esa fuerza para defendernos y dar la pelea ahora? Considero que debe existir la entereza para analizar con seriedad los retos y peligros. Si los pueblos se entregan, después no caben los arrepentimientos. Es lo que ocurre en México: los gobernantes entregaron el país y ahora, por mucho que quieran reestablecer las condiciones de libertad, no hay posibilidad. En el sur del continente han vivido experiencias muy serias por obedecer al poder que impulsa la globalización: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Pero si no queremos ver lo que pasa allí, nos van a cocinar en la misma parrillada, como un trozo de carne más. Rodrigo Carazo fue presidente de Costa Rica de 1978 a 1982, director general del Banco Central, fundador de la Universidad Internacional para la Paz y propulsor de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y del Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Actualmente preside el Consejo de Defensa de la Institicionalidad. |