TLC: Un tratado de anexión económicaRodolfo Ulloa BonillaEl Forjador, periódico de ASDEICEJunio del 2003
Mientras los agricultores y trabajadores costarricenses se movilizan para enfrentar las consecuencias sociales y económicas negativas de la eventual firma de un Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica, el embajador John Davilovich dice que la "luna de miel se acabó"; en referencia al endurecimiento de las propuestas de negociación que presentó su país en la cuarta ronda efectuada en Guatemala, el aspirante presidencial Oscar Arias afirma que "habrá que discutir si queremos mantener algunos de nuestros monopolios del sector público o no", y el gobierno de la República muestra cada vez una entrega mayor frente a los designios norteamericanos. Para la mayoría de los costarricenses, según publicó una encuesta del Instituto de Estudios en Población de la Universidad Nacional (IDESPO), las negociaciones del TLC son de "tigre suelto, contra burro amarrado", y esto es cada más evidente. El presidente Abel Pacheco cuando iniciaron las conversaciones afirmaba que el proceso sería transparente y no se escondería nada, pero el gobierno norteamericano impuso una "cláusula de confidencialidad" y Costa Rica terminó aceptando, al grado de que el ministro Trejos se ha negado a entregar los borradores de discusión a los diputados en la Asamblea Legislativa. Decía Pacheco que defendería la agricultura y los productores nacionales, pero los norteamericanos le dijeron que el asunto de los subsidios millonarios que brindan a su producción agrícola no sería tema de discusión en el TLC y que no se podrían excluir sectores agrícolas. Después de su breve entrevista de tres minutos con Mr. Bush, también aceptó las imposiciones del Norte y habló de un trato asimétrico donde serían incluidos todos los productos agrícolas, con un período de protección mayor para algunos. Afirmaba don Abel que de ninguna manera habría privatización del ICE, pero después de aquella visita a Estados Unidos, declaró que hay que buscar formas de apertura de las telecomunicaciones (como bien se sabe, la apertura es la forma más barata de privatizar). Toda la estrategia de estrangulamiento del ICE, cerrándole las posibilidades de financiamiento o entregando los recursos con cuenta gotas, busca crear las condiciones para que la apertura del mercado a las transnacionales se haga realidad. QUIEREN LA APERTURA DE TELECOMUNICACIONES En una reunión de empresarios norteamericanos y costarricenses, efectuada a finales de mayo en San José, se ratificó que el sector privado transnacional quiere utilizar las negociaciones del TLC para lograr lo que ha venido buscando desde hace años: participación en el mercado de las telecomunicaciones en Costa Rica. Calman Cohen, presidente del Comité de Emergencia para el Comercio Americano, dijo a la prensa que "Necesitamos que el Tratado sea de una mayor calidad, y eso significa que no haya exclusiones". Esto significa que se rechaza la intención de negociar un TLC sin capítulo de telecomunicaciones para Costa Rica, y la negociadora jefe de Costa Rica, Anabel González, reconoció que EE.UU. insistirá en la apertura de las telecomunicaciones en la quinta ronda que se efectuará en junio en Honduras, y el embajador Davilovich cree que se entra a un período de "discusión más fuerte", por lo que se ha teminado la armonía y la "luna de miel" entre los bloques que negocian. En este contexto, el expresidente Arias, ahora interesado en su reelección, declaró que apoya el TLC y apuesta por la inversión extranjera, por lo que habrá que discutir sobre la conveniencia de manteneer monopolios del sector público. Según la escasa información que ha trascendido la propuesta de los Estados Unidos consiste en que sus compañías tengan acceso a las redes públicas de telecomunicaciones y puedan brindar servicios a nivel local en alianza con el ICE, y que los usuarios puedan escojer los operadores en los servicios de comunicación internacional. Esto podría significar que las transnacionales norteamericanas vendrían a aprovecharse de la infraestructura que el ICE ha construído a lo largo de los años, incluyendo antenas, torres, fibra óptica, centrales telefónicas, estaciones satelitales y conexiones a los cables submarinos Arcos y Maya, mediante los que se generan las comunicaciones de datos, voz e Internet. Esta es una infraestructura que se ha logrado construir, mantener y desarrollar mediante el aporte de todos los costarricenses, y que sería prácticamente entregada para el uso del capital extranjero, cuyo objetivo es el lucro y jamás la solidaridad que ha caracterizado a las Instituciones costarricenses. Bien ha dicho el presidente de Brasil, Luis Inacio "Lula" da Silva, que los Estados Unidos lo que buscan con estos acuerdos comerciales es "la anexión económica" de la América Latina. El TLC significa en realidad un modelo económico que profundiza la dependencia de los países subdesarrollados como el nuestro, y supone la aceptación de un estilo neoliberal de desarrollo excluyente que afectará todos los órdenes de la vida nacional. Para muestra dos botones, la cuestión laboral y la situación de los agricultores: EL TLC Y LA CUESTION LABORAL En opinión de la Asociación de Servicios de Promoción Laboral (ASEPROLA) la firma eventual del TLC con Estados Unidos, no garantiza el cumplimiento de los derechos laborales de los trabajadores y trabajadoras. Las negociaciones apuntan hacia un "respeto de las legislaciones nacionales", pero allí podría estar la trampa porque éstas ya se han cambiado o están presentadas en los parlamentos reformas dirigidas a promover la inversión extranjera; tal es el caso del proyecto de ley presentado en Costa Rica para desregular la jornada laboral de 8 horas, una conquista histórica del movimiento sindical internacional. ASEPROLA considera que los sindicatos no deben dejarse engañar por un lenguaje técnico del TLC donde "sólo se negocian aspectos formales y retóricos en materia laboral", mientras en los parlamentos se discuten los proyectos de ley para disminuir los estándares laborales. Esta pareciera ser una estrategia empresarial para que cuando el TLC se firme, ya las legislaciones nacionales estén "totalmente desmanteladas" y adecuadas a las condiciones que necesitan las empresas extranjeras para obtener mayores ganancias. LA RUINA DE LA AGRICULTURA NACIONAL Los Estados Unidos han dicho que no aceptarán exclusión de productos agrícolas en la negociacion del TLC, y el presidente Pacheco lo ha aceptado. Esto significaría que a lo sumo se lograría una baja de aranceles gradual, y alguna ayuda técnica. Según la opinión de UPANACIONAL aceptar esas condiciones significa la desaparición de los campesinos en un proceso de "muerte lenta". Consideran que el sector hortícola junto a los paperos, cebolleros, arroceros, frijoleros, porcicultores, avicultores y lecheros, serían afectados ante su incapacidad de competir con los productos altamente subsidiados de los Estados Unidos ($190 mil millones para 8 años). Además creen que se van a aplicar barreras no arancelarias, como las fitosanitarias, para impedir que nuestros productos sean exportados. "Los agricultores perderán sus tierras y bienes al no poder producir, tendremos que abandonar el campo al perderlo todo" dicen y se preguntan: "¿Dónde conseguiremos trabajo? ¿Con qué nos alimentaremos, nos vestiremos y darenos casa y estudio a nuestro familia?". El pasado 28 de abril miles de agricultores marcharon por las calles de San José hasta la Casa Presidencial, el mandatario no los recibió. UPANACIONAL, la Unión Agropecuaria Nacional, la Mesa Nacional Campesina y otras agrupaciones, no se consideran bien representandos en las negociaciones, por lo que solicitan su participación "activa y efectiva" en éstas y una posición del gobierno más decidida en defensa de la soberanía alimentaria. LA ARTICULACION DE LA RESISTENCIA ¿Y qué vamos a hacer? Bueno, la campaña "Salvemos al ICE" no se puede detener después de la huelga. Debería mantenerse para poder enfrentar con éxito esta ofensiva neoliberal e impedir que las instituciones y recursos naturales sean entregados al capital extranjero. La Caja, el INS, los pequeños productores agrícolas e industriales, también están en peligro. Por eso debería n de articularse espacios sociales para la resistencia, con capacidad de propuesta. Los sectores sociales y políticos que han actuado unidos en defensa del ICE, podrían ser un buen punto de partida para la articulación de una especie de frente de salvación que defienda las instituciones y la producción nacional.
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