Quintaesencia democráticaArmando Vargas Araya29 agosto 2005
Se critican sendas cartas de dos egregias maestras dirigidas a sus colegas del magisterio, sin publicarlas para que el ciudadano pudiera conocer ambas caras del argumento. Se repudia su respetuoso llamado a la desobediencia civil, tan cara a la más legítima cultura democrática de Costa Rica y toda nación civilizada. La desobediencia civil es un tipo de negación pacífica y persuasiva de ciertos actos del poder o contenidos de la legalidad. La ejercen ciudadanos comprometidos con el destino del país: minorías cualitativamente importantes que cumplen con su deber cívico arraigado en convicciones éticas. Su ejercicio no vulnera derechos que pertenecen al bloque de legalidad, pero sí niega derechos de origen no democrático o la perpetuación de privilegios. La desobediencia civil no pretende transformar el orden político ni socavar sus cimientos, sino promover la modificación de algunas decisiones o leyes dañinas a la nación. La historia republicana se enjoya con gestas de desobediencia civil y resistencia ciudadana lideradas por maestros y estudiantes. Oportuno es vivificar la conciencia histórica. Cuando la integérrima ciudadana que es la señora Premio Magón doña Hilda Chen Apuy escribe a los maestros con el objeto de «compartir con ustedes mi profunda preocupación en este momento de grandes decisiones para nuestro país», es fiel a las más puras esencias democráticas. Cuando la enorme mujer que es la señora ex Ministra de Educación Pública doña María Eugenia Dengo se dirige a sus colegas como «apóstoles de la educación», rememora «insignes batallas dadas por el Magisterio Nacional en contra de aquellos que han pretendido ensombrecer nuestra paz» y exhorta: «educadoras y educadores: la patria nos llama», habla por millares y millares de compatriotas. Se podrá disentir de la opinión de ambas damas ejemplares, mas no dudar de su alma democrática, su acendrado patriotismo o su ciudadanía activa y crítica. vargas@tisingal.com |