EL AUTODENOMINADO GRUPO “POR COSTA
RICA” SE DESNUDA
- A PROPÓSITO DE LAS “RESPUESTAS” A DOÑA MARÍA
EUGENIA DENGO Y DOÑA HILDA CHEN APUY -
Luis Paulino Vargas Solís[1]
22 de agosto del 2005
Me refiero a las notas que estos señores y señoras tienen
el tupé de enviarles a doña María Eugenia Dengo
y a doña Hilda Chen Apuy, mujeres patriotas, admirables ambas
por un millón de razones, más allá de lo que chusca
y grosera sensibilidad de las neoliberales tecnocracias transnacionales
son capaces ni remotamente de entender. Intento ser fiel –hasta
donde me ha sido posible- al tono y estilo en clave de farsa de los
mencionados panfletos que, según todas las trazas, aspiran a
ser una burla desembozada e irrespetuosa a la inteligencia de quien
quiera perder el rato leyéndolos y, en particular, una irreverencia
absoluta a la grandeza intelectual y espiritual de estas dos extraordinarias
mujeres.
1. Primer acotación panfletaria: “No hay nada en el TLC
que implique una renuncia al desarrollo autóctono”. La
aseveración de doña María Eugenia en ese sentido
seguramente tiene que ver –especulan a tientas los del autodenominado
“Por Costa Rica”- con el artículo 10.9 del Tratado.
A ver, estimados lectores: 1, 2 y 3: ¡primera risotada! Esto demuestra
que los señores no han leído los cientos de páginas
y miles de artículos que componen este documento ¡Si la
renuncia al desarrollo autóctono –señores del autodenominado
“Por Costa Rica”- está repartido en toda la largueza
de la voluminosa y extendida longitud del Tratado! Bueno, otra posibilidad
es que, habiéndolo leído, tengan una noción de
desarrollo que lo identifica con anexión política, subordinación
económica, desnacionalización y concentración de
la riqueza. Y, finalmente, una tercera posible explicación es
que no tienen noción de lo que el concepto desarrollo implica.
2. Aclaran, además, que, en todo caso, esto (lo del tal artículo
10.9) no es algo que se venga recién a descubrir con motivo del
TLC, si de por sí ya estaba contenido en los acuerdos de la OMC,
cosa que, afirman, “…en nada han afectado la política
nacional de inversión”. Primero, aclaremos que es perfectamente
inexacta esta asimilación entre OMC y Tratado con Estados Unidos.
Éste es, con mucho, un retoño sobrealimentado surgido
de la primera. Si la OMC es ya suficientemente restrictiva, el TLC lo
es mucho más. Pero, por otra parte, seguro que, en efecto, la
“política de inversiones” no se ha visto “afectada”
por tales disposiciones de la OMC. Pero (risas de nuevo), ¿es
que no se habían dado cuenta estos estimables señores
que Costa Rica no tienen –no ha tenido por las últimas
dos décadas- política alguna de inversiones? Mal podría
verse “afectado” lo que no ha existido, excepto si por “política”
de inversiones entendemos “eso” que los mismos sectores
promotores del TLC han implantado y defendido a muerte: la exoneración
tributaria indiscriminada a favor de la inversión extranjera
¡Valiente política de inversiones! El caso –y en
esto lleva total razón doña María Eugenia Dengo-
es que la mancuerna TLC-OMC nos deja sin posibilidad alguna de definir
a futuro política alguna de inversiones…supuesto, desde
luego, que al comando del país hayan sectores sociales que tengan
la voluntad y decisión de definir una política de inversiones
a la medida de las necesidades del desarrollo nacional y no simplemente
sujeta –como quieren los del autodenominado “Por Costa Rica”-
a los requerimientos de la rentabilidad de los inversores externos.
3. Agregan: “…para Costa Rica es muy importante complementar
la inversión productiva nacional con inversión proveniente
de otros países, pues ésta es de gran utilidad para ayudar
a crear empleo, generar divisas, promover la transferencia tecnológica,
mejorar las prácticas gerenciales y otros”. Contengamos
las carcajadas, por favor. Nos hablan, evidentemente, de un país
que no es Costa Rica donde la inversión extranjera ha dejado
beneficios que nosotros desconocemos. Es fácil aportar datos
y referencias para ratificar cuál es, a este respecto, nuestra
verdadera realidad. En todo caso, es interesante constatar que los del
autodenominado “Por Costa Rica” demuestran así, poseer
talentos para llegar a triunfar como guionistas de alguna hollywoodense,
alucinada y aparatosa película de ciencia ficción.
4. Y en relación con el problema crucial de la soberanía
alimentaria. Comienzan a aparecer las notas tragicómicas: “…lo
importante para Costa Rica es poder contar con los alimentos que consume,
al mejor precio posible”. No señores. Lo importante para
Costa Rica, si aspira a ser un país con capacidad para controlar
las decisiones sobre su propio futuro, es producir eficientemente lo
que come. Los del autodenominado “Por Costa Rica” no lo
entienden así, quizá porque no creen que la soberanía
valga lo que una sonrisita displicente de su “amigo” Zoellick.
Luego, una nota definitivamente cantinflesca: “…el TLC prohíbe
los subsidios a la exportación. En el caso de los subsidios a
la producción, es necesario tener claro que Estados Unidos los
otorga a productos que en su gran mayoría no son producidos en
Costa Rica”. Hagámonos los tontos y finjamos que hay productos
agrícolas que, en Estados Unidos reciben apoyos públicos
y productos que no los reciben y que entre unos y otros median paredes
infranqueables, de modo que el amplio, complejo y diversificado sistema
de apoyos públicos queda cortado e inutilizado cuando de ciertos
productos se trata. Un poco más, hagámonos los idiotitas
y finjamos que no existen gigantes corporativos del ramo agroalimentario
bajo cuyo poderío los mercados agropecuarios mundiales se mueven
en un curso de creciente concentración, conglomeración
y oligopolización. Y con los ojos bien cerrados y los oídos
bien tapiados, finjamos creer que liberalizar el comercio de alimentos
agrícolas es una operación aséptica e inocente…tal
cual esta gente nos lo quiere hace creer.
4. Y en relación con la “apertura” (mote de moda
para privatización) de los seguros y las telecomunicaciones,
los del autodenominado “Por Costa Rica”, se sueltan una
joyita para reírse hasta terminar llorando por tanta barbaridad
que se nos receta. Nos espetan: “La apertura de estos sectores
es de la mayor trascendencia para el futuro de Costa Rica, especialmente
si queremos cumplir con objetivos de amplia cobertura, solidaridad,
mejor calidad y precio”. Genial, ¿a cuál de los
mundos posibles de la lógica especulativa se refiere esta gente?
Por lo demás, y vueltos a la realidad, recordemos que, en el
caso de las telecomunicaciones, tenemos un sistema comprobadamente solidario,
de amplia cobertura y excelente tarifas. Esa es una realidad plenamente
documentada, inclusive por organismos internacionales independientes.
Pero nos dicen que destruir lo que tenemos es la mejor forma de tener
lo que ya tenemos ¡Qué galimatías! O sea, que seguimos
en medio de una fantasía hollywoodense, tan alambicada como artificiosa.
En fin, que de verdad se creen que somos estúpidos.
5. Luego se sueltan esta cosa horrible (ya aquí la risa se torna
en náusea y mueca de hastío): “En efecto, el acuerdo
busca que los prestadores de servicios extranjeros no sean tratados
de manera menos favorable que los nacionales. Como sabemos, esto es
una manifestación del principio de igualdad que nuestra Constitución
Política contempla como uno de los pilares fundamentales del
Estado de Derecho”. Esto es completamente inexacto y comporta
una manipulación irrespetuosa y a todas luces abusiva de la norma
constitucional. Hay pronunciamientos de la Sala IV que ya han dejado
claramente sentado la potestad y capacidad de las políticas públicas
para definir tratamientos preferenciales a favor de productores nacionales,
sin que ello roce con el principio constitucional de no discriminación.
Esto es algo que el joven y talentoso abogado José María
Villalta Flores-Estrada ha dejado claramente establecido en trabajos
suyos aún no formalmente publicados pero que, con seguridad,
él gustosamente pondrá a disposición de doña
María Eugenia y doña Hilda, a fin de que ellas sustenten
aún más sólidamente su posición, de por
sí tan acertada.
6. Luego, y apoyándose en esa misma truculenta referencia a la
Constitución, agregan: “Con base en ello es que el TLC
prevé que las leyes que en el futuro el país emita no
podrán ser discriminatorias”. Decir esto es, o bien no
haber leído el texto del tratado o bien intentar hacer creer
que éste dice lo que no dice, que es una forma –nuevamente
amañada- de intentar ocultar lo que realmente dice. El TLC pretende
impedir que a futuro no se apruebe ni modifique ninguna ley que no sea
“compatible” con el propio tratado, esto es, con los criterios
indiscriminados de “libre” comercio y total autonomía
de decisión y movimiento de las inversiones. Punto. Este criterio
de inspiración ideológica neoliberal, recorre –como
si de su sangre se tratara- todo el tratado. Sobre esa base, éste
pretende maniatar el futuro de Costa Rica, y sus capacidades de decisión
y desarrollo, cercenando la posibilidad de emitir nuevas leyes o modificar
las existentes. Remitir el asunto a la Constitución es, una vez
más, poner en evidencia lo que ya sabíamos: el total desprecio
y el irrespeto absoluto por aquello más fundamental que define
la nacionalidad costarricense.
7. Y sobre medicamentos. Parece cómico pero ya a estas alturas,
y frente a un asunto a tal punto vital, resulta difícil dibujar
ninguna sonrisa. Se juega con la salud de la gente –es decir,
con la vida de seres humanos de carne y hueso-, pero tranquilamente
todo queda reducido a una inocente operación aritmética:
“El TLC sólo manda proteger por 5 años los datos
sobre seguridad y eficacia de los medicamentos”. En realidad,
no son 5, son 10 años. Cuestión de dejarse de eufemismos
y falsas poses de ingenuidad, a fin de hacer una operación aritmética
más ajustada a la realidad. Claro que esto introduce una restricción
severa sobre las posibilidades de disponer de medicamentos genéricos;
claro, además, que esto golpea directa y muy negativamente la
industria farmacéutica nacional. Pero, sobre, y más claro
aún, esta es una daga al corazón del sistema de salud
pública. Por tanto, una agresión desembozada al derecho
a la salud, que debería ser uno, inalienable e intocable, a disposición
de nuestro pueblo.
8. Y sobre educación. Doña María Eugenia dijo lo
que correspondía decir, con riguroso apego a lo que la razón
indica después de un análisis concienzudo del Tratado,
pero los autodenominados “Por Costa Rica” se hacen los que
no entienden y se escabuchen por entresijos y en medio de retruécanos.
Que la educación privada en manos de inversores extranjeros quedaría
prácticamente sujeta a un régimen privilegiado y de completa
desregulación es un hecho incontrovertible…al menos para
quienes están dispuestos a atar cabos, ver los árboles
para, en seguida, situarlos en el bosque correspondiente. Es decir,
para quienes, con cierta dosis de disciplina intelectual y científica,
ven las partes dentro de su todo sin dejarse embaucar –como quisieran
los de susodicho grupo- por citas aisladas y desprovistas de todo contexto.
9. Y sobre las armas ¿Es posible tomarse a guasa la cínica
frescura con que se emiten “criterios técnicos” para
justificar la liberalización del comercio armamentista? Que si
en otros tratados también existía la norma y nadie dijo
nada, que por qué entonces ahora protestan, dicen los del autodenominado
“Por Costa Rica”. Traducido a lenguaje llano y no eufemístico,
ello significa lo siguiente: que si ya nos venían intoxicando
el alma nacional, mejor fuera soportar –calladitos y estoicos-
que el envenenamiento culmine hasta sus últimas consecuencias.
La protesta y rebelión de doña Hilda no les cabe en el
caletre ni encuentra eco en su mellada “sensibilidad”. Pero
tampoco parece que se den cuenta que, a propósito de este Tratado,
estamos hablando de uno de los países que, con mayor generosidad
y largueza, alimenta el comercio mundial de armas.
10. Empecé esta nota compartiendo mis carcajadas con los lectores.
Luego –no me quedó de otra- hube de agriar el talante ante
las barbaridades que leíamos. Retornemos, ya para concluir, a
la nota jocosa. Con su conocida arrogancia, los señores del autodenominado
grupo de marras le “aclaran” a doña Hilda: “Si
por alguna razón uno de los países suscriptores del acuerdo
quisiera dejar de forma parte de él, puede dejar de serlo en
cualquier momento, con sólo notificárselo a los otros
países Parte”. Imagínense ustedes un gobierno costarricense
“denunciando” el Tratado. Tomemos en cuenta, para esos efectos,
la actual supercampaña pro-TLC: millones de millones disparados
en publicidad engañosa y manipuladora y toda una inmensa ofensiva
de intimidación, arrinconamiento y terror ideológico ¿Se
imaginan ustedes, pacientes lectores, la clase de guerra propagandística
e ideológica que se desataría si se quisiera “denunciar”
el Tratado? Si ya estamos viviendo estos extremos, que ponen bajo presión
máxima los últimos reductos de vida democrática
en Costa Rica y nos asoman a la realidad de una dictadura de hecho en
lo mediático e ideológico ¿Qué más
podríamos presenciar en el supuesto de una eventual “denuncia”?
Esto es grave, gravísimo. Admitamos que no se presta para la
risa. Pero, en todo caso, demos espacio, una vez más, a la carcajada,
que para ello contamos, como materia prima, con la imaginación
telenovelera y desbordada de la “argumentación” esgrimida
por el susodicho autodenominado grupo, en su infructuoso intento por
embaucarnos con la pintura –de imposible credibilidad- de mundos
de ensueño.
Pero, en todo caso y como conclusión, no dejemos de congratularnos
y reírnos. En medio de tan monumentales torerías y tales
muestras de irrespeto y arrogancia, los del autodenominado “Por
Costa Rica” se desenmascaran. En media calle se exhiben sin siquiera
una hoja de parra.
Y eso gracias a dos mujeres excepcionales: doña María
Eugenia Dengo y doña Hilda Chen Apuy. Infinitas gracias a ambas.
Por su temple e inteligencia; por su convicción patriótica
y sentido de la dignidad; por su arrojo y valentía.
Luis Paulino Vargas Solís.- 22-08-2005
|